El Ayuntamiento justifica la tala de 56 árboles en el Barrio del Rosario: ¿era la única opción?
El expediente municipal defiende que la eliminación del arbolado es imprescindible para ejecutar las obras de regeneración urbana. Los vecinos cuestionan si se estudiaron alternativas para conservar parte de los ejemplares.
La polémica por la tala de árboles en el Barrio del Rosario continúa creciendo tras conocerse el contenido del expediente municipal que autoriza la eliminación de 56 ejemplares afectados por las obras de regeneración urbana que se están desarrollando en la zona.
Durante los últimos días, la desaparición de numerosos olmos que durante décadas han formado parte del paisaje del barrio ha provocado malestar entre parte de la vecindad. Mientras el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz defiende que la actuación es necesaria para llevar a cabo la remodelación prevista, los vecinos denuncian la pérdida de uno de los principales elementos ambientales del barrio.
El documento elaborado por los servicios técnicos municipales permite conocer los argumentos que sustentan la decisión. Sin embargo, su lectura también deja abiertas algunas preguntas sobre el modelo urbano que se está impulsando en la ciudad y sobre el coste ambiental que supone esta actuación.
La tala, presentada como la única alternativa posible
Uno de los aspectos más relevantes del informe es que los técnicos municipales consideran incompatible la conservación de los árboles con la ejecución de las obras previstas.
Según recoge el expediente, la remodelación de pavimentos, infraestructuras y servicios urbanos afecta directamente al sistema radicular de los ejemplares existentes, lo que llevaría a su deterioro o pérdida de estabilidad.
La conclusión del documento es clara:
Fragmento del expediente municipal donde se concluye que la tala es la única alternativa compatible con la ejecución de las obras.
La afirmación es contundente, pero el informe no detalla si se valoraron diseños alternativos que permitieran conservar parte del arbolado existente adaptando el proyecto a la realidad del barrio.
Es precisamente ahí donde se concentra buena parte de las críticas vecinales. Muchos residentes no discuten la necesidad de mejorar las calles o renovar infraestructuras, sino la decisión de hacerlo a costa de árboles que llevan décadas formando parte de su entorno cotidiano.
Olmos que llevan medio siglo en el barrio
Otro de los aspectos que llama la atención del expediente es la edad de muchos de los ejemplares afectados.
La documentación municipal recoge numerosos olmos con edades estimadas entre los 45 y los 50 años. Son árboles que comenzaron a crecer prácticamente al mismo tiempo que se desarrollaba el propio barrio y que han proporcionado sombra, regulación térmica y refugio para fauna urbana durante varias generaciones.
La relación de ejemplares afectados incluye numerosos olmos con edades estimadas entre 45 y 50 años.
La cuestión que plantean muchos vecinos no es únicamente cuántos árboles serán plantados después de las obras, sino cuánto tiempo tardará el barrio en recuperar los beneficios ambientales que proporcionaban estos ejemplares maduros.
Un árbol recién plantado puede sustituir a otro desde el punto de vista administrativo, pero no desde el punto de vista ecológico. La sombra, la capacidad de absorción de contaminantes o la regulación de la temperatura que aporta un árbol adulto requieren décadas de crecimiento.
La compensación prevista
El expediente contempla la plantación de nuevos árboles como medida compensatoria. Según la documentación municipal, se prevé la incorporación de 44 ejemplares de la especie Pyrus calleryana dentro del ámbito de actuación, además de otras compensaciones previstas fuera de la zona de obras.
La actuación cumple con los mecanismos establecidos por la legislación autonómica en materia de protección del arbolado urbano. Sin embargo, el debate vecinal va más allá del cumplimiento formal de la normativa.
Para muchos residentes, la cuestión de fondo es si una ciudad que afronta veranos cada vez más cálidos puede permitirse perder árboles maduros en nombre de la renovación urbana y si las nuevas plantaciones compensarán realmente la pérdida sufrida por el barrio durante los próximos años.
Un debate sobre el modelo de ciudad
La controversia del Barrio del Rosario trasciende la tala concreta de 56 árboles. Lo que está en discusión es el equilibrio entre la modernización de los espacios urbanos y la conservación del patrimonio verde existente.
Mientras el Ayuntamiento defiende que la actuación permitirá mejorar la accesibilidad, renovar infraestructuras y modernizar el entorno urbano, una parte de la vecindad considera que la ciudad está perdiendo árboles consolidados que tardarán décadas en ser reemplazados de forma efectiva.
Las obras continuarán durante los próximos meses, pero la polémica difícilmente desaparecerá. Porque más allá de los informes técnicos y los expedientes administrativos, la pregunta que sigue sobrevolando el Barrio del Rosario es sencilla: ¿era realmente imposible llevar a cabo la regeneración urbana conservando al menos una parte de los árboles que han acompañado al barrio durante los últimos cincuenta años?
La regeneración urbana ya está en marcha. El debate ahora es si podía haberse hecho con menos impacto sobre el patrimonio verde del barrio.

