Capitán Swing publicará el próximo 7 de septiembre Here comes the sun. La última oportunidad para el clima y un cambio para la civilización, el nuevo libro del ambientalista Bill McKibben. La obra analiza el crecimiento de la energía solar y plantea que la transición energética no depende únicamente de la tecnología, sino de una disputa política sobre quién controla la energía y quién se beneficia de ella.
Durante décadas, Bill McKibben ha sido una de las voces que con mayor insistencia ha advertido sobre las consecuencias de la crisis climática. Lo hizo cuando el calentamiento global todavía ocupaba un espacio marginal en la agenda política y mediática y ha continuado haciéndolo mientras aquellas advertencias se convertían en incendios más intensos, sequías prolongadas, temperaturas extremas y fenómenos meteorológicos cada vez más destructivos.
Sin embargo, en Here comes the sun, McKibben cambia parcialmente el tono. El autor no abandona el diagnóstico sobre la gravedad de la situación, pero sostiene que, por primera vez, existe una posibilidad tecnológica real de reducir de manera acelerada la dependencia del carbón, el petróleo y el gas.
«Estamos a punto de volver la mirada para buscar la energía en el cielo, en lugar de en el infierno».
La energía solar deja de ser una promesa
La tesis del libro se apoya en una transformación que ya está en marcha. Según la Agencia Internacional de la Energía, la energía solar fotovoltaica fue en 2025 la fuente que más contribuyó al crecimiento del suministro energético mundial. Aportó más del 25% del aumento de la demanda global de energía y protagonizó el mayor incremento anual de generación eléctrica registrado hasta ahora por una sola tecnología fuera de los periodos de recuperación posteriores a una crisis.
La generación solar aumentó alrededor de 600 teravatios hora durante 2025 y cubrió aproximadamente el 70% del crecimiento mundial de la producción eléctrica. Además, las energías renovables incorporaron una capacidad récord de 800 gigavatios, de los cuales el 75% procedió de instalaciones solares.
Estos datos respaldan uno de los argumentos principales de McKibben: la transición energética ya no puede presentarse como una posibilidad lejana. La tecnología existe, su implantación crece y sus costes se han reducido de manera considerable.
La Agencia Internacional de Energías Renovables situó en 2025 el coste medio mundial de la electricidad solar fotovoltaica en 44 dólares por megavatio hora, mientras que la energía eólica terrestre se situó en 33 dólares. Las renovables se han convertido así en la opción más competitiva para buena parte de las nuevas instalaciones eléctricas.
El planteamiento central del libro: el principal obstáculo para extender la energía solar ya no es tecnológico. Es político, económico y está relacionado con los intereses construidos alrededor de los combustibles fósiles.
Una disputa por el control de la energía
Desde la Revolución Industrial, buena parte de la economía mundial se ha organizado alrededor de recursos concentrados geográficamente y controlados por un número limitado de empresas y Estados. El carbón, el petróleo y el gas no solo han alimentado fábricas, transportes y ciudades. También han permitido construir enormes estructuras de poder económico, político y militar.
McKibben sostiene que la energía solar puede alterar ese equilibrio. Frente a unos combustibles limitados y concentrados, el sol constituye una fuente distribuida y disponible en prácticamente cualquier territorio. Una vivienda, una cooperativa, un ayuntamiento o una comunidad rural pueden producir parte de la energía que consumen sin depender completamente de una gran central o de un suministro importado.
Esta capacidad ofrece posibilidades para avanzar hacia un sistema energético más descentralizado. Sin embargo, la expansión de la energía solar no garantiza por sí sola una democratización de la energía. La propiedad de las instalaciones, el control de las redes, el acceso a la financiación y la distribución de los beneficios determinarán si la transición reduce las desigualdades o reproduce el mismo modelo de concentración empresarial con tecnologías diferentes.
El debate que plantea el libro no consiste únicamente en sustituir centrales térmicas por parques solares. También obliga a decidir si la energía debe funcionar como un derecho básico o como una mercancía sometida a los intereses de grandes fondos y compañías.
El poder fósil se resiste a desaparecer
Here comes the sun relata la expansión de las energías solar y eólica, pero también la resistencia de la industria de los combustibles fósiles. McKibben vincula esa oposición con el apoyo a fuerzas políticas dispuestas a frenar las regulaciones climáticas y a proteger un modelo energético del que dependen enormes intereses económicos.
Para el autor, la relación entre el poder fósil y el avance de posiciones autoritarias no es secundaria. La concentración de la producción energética facilita también la concentración del poder. Romper esa dependencia puede convertirse, por tanto, en una forma de resistencia política y democrática.
La rapidez con la que crece la energía solar tampoco elimina los problemas existentes. La transición necesita redes eléctricas adaptadas, sistemas de almacenamiento, planificación pública, inversión, formación profesional y medidas que protejan a las personas trabajadoras de los sectores afectados.
Durante 2025, la capacidad de almacenamiento mediante baterías aumentó cerca de un 40%, hasta rozar los 110 gigavatios. El dato muestra que las soluciones para gestionar la producción renovable también avanzan, aunque su implantación continúa siendo desigual.
El Sur global acelera la transición
Uno de los aspectos destacados por el libro es la posibilidad de que la energía solar amplíe el acceso a la electricidad en regiones que han sufrido históricamente suministros insuficientes o una fuerte dependencia de los combustibles importados.
Un análisis del Rocky Mountain Institute señala que la participación de la energía solar y eólica en la electricidad del Sur global creció durante cinco años a un ritmo medio anual del 23%, frente al 11% registrado en el Norte global. América Latina y el sur de Asia figuran entre las regiones que están impulsando esta expansión.
La tendencia, sin embargo, convive con importantes desigualdades. Cerca de 700 millones de personas continúan sin acceso a la electricidad, principalmente en países africanos de ingresos bajos. El coste de la financiación, la falta de infraestructuras y las condiciones impuestas a numerosos Estados dificultan que el potencial renovable se traduzca en energía accesible para toda la población.
La disponibilidad de sol no elimina automáticamente las relaciones de dependencia. Para que la transición sea justa son necesarias inversiones públicas, transferencia tecnológica, redes locales, participación de las comunidades y mecanismos que impidan una nueva extracción de recursos en beneficio exclusivo de empresas extranjeras.
Del pesimismo climático a una posibilidad abierta
McKibben publicó en 1989 El fin de la naturaleza, considerada una de las primeras obras dirigidas al gran público sobre el calentamiento global. Después de más de tres décadas documentando el deterioro climático, el autor encuentra ahora una posibilidad de transformación en el crecimiento de las renovables.
El libro no presenta esa posibilidad como una victoria asegurada. La energía solar está creciendo con rapidez, pero también lo hace el consumo mundial de energía y continúan aumentando, aunque más lentamente, la demanda de petróleo, carbón y gas. La existencia de una tecnología capaz de reducir las emisiones no garantiza que sea desplegada a la velocidad necesaria.
La pregunta que recorre Here comes the sun no es solamente si el mundo puede producir energía de otra manera. También es quién tomará las decisiones, quién asumirá los costes y quién controlará el nuevo sistema.
El prólogo de la edición española, escrito por Emilio Santiago y Héctor Tejero, presenta la obra como una combinación de argumentos científicos, análisis técnico y claves políticas para impulsar la transición. El libro propone mirar al sol no como una solución automática, sino como una oportunidad histórica que requiere organización social, intervención pública y voluntad política.
Una transición que no se gana sola
La expansión de la energía solar puede ayudar a reducir las emisiones, mejorar la calidad del aire, ampliar el acceso a la electricidad y debilitar la dependencia de los combustibles fósiles. Pero sus resultados dependerán del modelo elegido.
Una transición dirigida únicamente por el mercado puede mantener la concentración empresarial y trasladar los impactos ambientales hacia los territorios más empobrecidos. Una transición basada en la planificación pública, las comunidades energéticas y el reconocimiento de la energía como un derecho ofrece la posibilidad de distribuir de otra manera el poder y los beneficios.
Here comes the sun sitúa esa disputa en el centro. El sol aparece como una fuente abundante, pero el futuro energético continuará dependiendo de decisiones profundamente políticas. La revolución tecnológica ya ha comenzado. La batalla pendiente consiste en decidir al servicio de quién se construirá.
Ficha del libro
- Título: Here comes the sun. La última oportunidad para el clima y un cambio para la civilización
- Autor: Bill McKibben
- Prólogo: Emilio Santiago y Héctor Tejero
- Traducción: Raimundo Viejo Viñas
- Editorial: Capitán Swing
- Publicación: 7 de septiembre de 2026
- Páginas: 240
- Precio: 22 euros
- ISBN: 979-13-992299-7-4
Fuentes consultadas:
- Dosier de prensa de Here comes the sun, facilitado por Capitán Swing.
- Capitán Swing: ficha editorial del libro.
- Agencia Internacional de la Energía: Global Energy Review 2026.
- IRENA: costes de generación renovable en 2025.
- Rocky Mountain Institute: crecimiento de las renovables en el Sur global.

