Lena deja Torrejón de Ardoz con su hija de tres años porque no puede seguir haciendo frente al alquiler. Tras una década en la ciudad, denuncia una espera sin soluciones para acceder a una vivienda social, falta de respuestas por escrito y dificultades para recibir ayudas básicas.
Una ciudad también se mide por la posibilidad de quedarse en ella. Por que una madre y su hija puedan mantener su hogar, su colegio y sus vínculos sin que el precio del alquiler convierta su vida en una cuenta atrás. Para Lena, después de diez años en Torrejón de Ardoz, esa posibilidad se ha agotado.
Se marcha a un pueblo fuera de Madrid. En su carta relata que pidió una vivienda social en 2024 y que, desde entonces, ha encontrado demoras, respuestas verbales y una falta de información que le ha impedido comprender por qué su expediente no avanzaba. También cuenta que fue el acompañamiento de personas voluntarias, un sindicato de inquilinos y una concejala lo que consiguió que se atendieran algunas de sus necesidades.
Las actuaciones administrativas que describe corresponden a su testimonio. Su carta pone sobre la mesa una pregunta que merece una respuesta pública: ¿qué ocurre con las familias que no pueden pagar un alquiler mientras esperan que llegue una solución?
Mi nombre es Lena y llevo diez años viviendo en Torrejón de Ardoz. Tengo una hija de tres años. Hemos trabajado, pagado nuestros impuestos y creíamos que aquí podríamos echar raíces.
Hoy escribo porque nos tenemos que ir a un pueblo fuera de Madrid. No es por gusto. Es porque ya no podemos más.
Desde 2023 soy madre soltera. En 2024 solicité una vivienda social porque no podía hacer frente al alquiler. Durante dos años, mi expediente ha estado paralizado. Cada vez que preguntaba, la respuesta era: «Ponte a trabajar». Nadie me dio nada por escrito. Nadie me explicó por qué mi caso no avanzaba.
Durante la tramitación del informe de vulnerabilidad, en lugar de sentirme acompañada, sentí que se fiscalizaban mis gastos básicos. Me preguntaban por cada cosa que compraba. Entiendo que haya que comprobar la situación económica de quienes solicitamos ayuda, pero duele sentir que no se aplica el mismo criterio a todo el mundo.
Mientras tanto, he visto cómo se adjudicaban viviendas a personas que vivían solas, mientras familias con menores seguíamos esperando una respuesta.
En este tiempo tampoco recibí las ayudas de alimentación que me correspondían. Tuve que pedir ayuda a un sindicato de inquilinos. Fueron personas voluntarias quienes me acompañaron al Ayuntamiento para intentar que mi caso avanzara y entender qué estaba pasando. Gracias a ellas y a una concejala, conseguí que por fin me escucharan y me dieran lo básico.
El informe para el ingreso mínimo vital se envió tarde. Hoy, en 2026, sigo sin respuesta. Tampoco se me derivó a otras ayudas que podrían haber aliviado nuestra situación. Nadie me entregó una resolución por escrito.
No escribo con odio. Escribo con impotencia. Porque siento que la burocracia se olvida de familias con niños pequeños como la nuestra. Familias que trabajan y que, aun así, no llegan a fin de mes.
Pido que los criterios sean claros y que las ayudas lleguen con más rapidez y humanidad. Que se dé información por escrito y que se trate a todas las familias con el mismo respeto. Porque detrás de cada expediente hay niños, hay ilusión y hay vidas.
Me voy de Torrejón con pena, dejando atrás el colegio de mi hija y sus amigas. Me voy con la esperanza de poder darle estabilidad.
Gracias a la gente buena, a las personas voluntarias y a los vecinos y vecinas que nos tendieron la mano durante estos diez años. No os olvidaremos.
Lena
Lena pide criterios claros, respuestas por escrito y una atención que llegue a tiempo. Su relato merece explicaciones de las administraciones responsables sobre la tramitación de su caso y las alternativas que se le ofrecieron. La solidaridad vecinal que agradece en su carta no puede sustituir la responsabilidad de las instituciones.
El problema tampoco debe convertirse en una disputa entre quienes necesitan ayuda. Una persona que vive sola puede encontrarse en una situación de especial vulnerabilidad. La exigencia debe dirigirse a que existan recursos suficientes, criterios transparentes y respuestas que atiendan las necesidades de cada hogar.
Desde Contraplano defendemos que la política de vivienda debe valorarse también por las familias que consiguen conservar su hogar y por las que terminan marchándose. Los anuncios y las promesas necesitan traducirse en soluciones antes de que una madre tenga que despedirse del colegio de su hija para buscar un alquiler que pueda pagar.
Lena se marcha buscando estabilidad. Torrejón debe preguntarse por qué, después de diez años, no ha podido encontrarla aquí.
Después de diez años en Torrejón, el sistema nos deja fuera
Exvecina de Torrejón de Ardoz
Desde Contraplano: poder quedarse también debe contar

