Usera, clase y rap político: el discurso de Proletario

Con 29 años, Rubén, el artista que está detrás de Proletario, ha convertido su nombre artístico en una declaración explícita. Desde el distrito madrileño de Usera, construye un proyecto musical donde identidad de clase, vivencia de barrio y reflexión política se entrelazan sin concesiones.

En esta entrevista con Contraplano, explica el origen de su nombre, el peso del entorno en su trayectoria y su visión sobre el papel del rap en el actual escenario cultural.


El nombre como declaración política e identidad

¿Por qué el nombre Proletario? ¿Es una declaración política o una identidad vital?

Pues mira, me parece que es una relación dialéctica entre ambas opciones. Por una parte, es una declaración política, ya que Proletario indica claramente mi clase social y mi orientación política, que de entrada ya advierte sobre el contenido. Y por otra parte es una identidad. El marxismo ha sido revisado desde múltiples perspectivas y un tema central ha sido el de clase social: ¿se es o se siente obrero? ¿Es una categoría fija o una identidad móvil? En este caso yo he nacido obrero y me considero obrero, pero la elección del nombre, dejando de lado las opciones mencionadas, también la hice desde el punto de vista estético. Me parecía un nombre potente, que mostraba ímpetu y no era un nombre cutre y sin significado. Es un símbolo y representa algo, que es lo que buscaba.

“Proletario indica claramente mi clase social y mi orientación política”.

Usera como raíz de sus letras

Llegas desde Usera. ¿Qué tiene el barrio que atraviesa tus letras?

Efectivamente, desde el 026, Usera se ha convertido en una de mis señas de identidad y referente a la hora de escribir. En mis canciones suelen aparecer temas políticos, pero sobre todo vivencias. Usera ha sido siempre un barrio obrero, con las rentas más bajas de Madrid y niveles muy altos de inmigración, y desde luego los inmigrantes ricos no vienen a vivir a Usera, por lo que la composición social de Usera es gente trabajadora nativa y extranjera. Eso hizo que desde jóvenes mantuviéramos relaciones con personas de distintas procedencias y me ha hecho la persona que soy hoy.

En mi barrio siempre se me ha conocido precisamente por juntarme con chavales y chavalas de todos lados. Siempre he traído a mi grupo de colegas amigos míos que eran latinos, me he juntado con muchos latinos y a día de hoy conservo esa amistad, que además me ha ayudado a aumentar mi léxico, que utilizo en mis canciones, y me aporta versatilidad. Aunque nunca nos faltó nada, nunca nos sobró, y desde chavales aprendimos a hacer todo tipo de argucias para buscarnos las castañas, porque lo dicho, aunque no nos faltaba nada, tampoco nos daban en casa para nuestros líos. Nunca me metí en problemas porque era consciente de que no era lo que me gustaba, pero sí los vi y estuve de espectador con distintos conocidos y amigos míos que me llevaban a sus trapis. Me moví mucho y aprendí mucho. Por lo que Usera es parte de mí y me ha ayudado a formar y desarrollar mi estructura ideológica.

Proletario en Usera

El momento en que decide no ser neutral

Tus letras son abiertamente políticas. ¿En qué momento decides que tu música no iba a ser neutral?

Fue hace relativamente poco. De hecho, aunque suene sorprendente, yo empecé en la música con el reguetón. Antes de los 15 no escuchaba casi música y mis primeras influencias fueron algunas canciones de rap que mi primo Alberto escuchaba; le gustaba mucho el rap estadounidense, sobre todo Eminem. Luego en el instituto se puso mucho de moda el reguetón y mis amigos sudamericanos escuchaban mucho a Ñengo Flow, Cosculluela o Kendo Kaponi, y me empezó a gustar el rap latino, que fue lo que me animó a entrar en la música cuando tenía 17 años o así con mi colega Guille de mi pueblo, El Raso, al que mando un saludo, y quien recordará la pedazo de basura que hacíamos con esa edad.

Ya después hice un parón y aproximadamente con 20-21 años me metí de lleno en la política, militando en organizaciones comunistas, y comencé a hacer rap político, pero grabando con el móvil y de manera más informal. Hasta que hace dos años o así un primo mío, que era de mi combo aquí en Usera, se compró un micrófono y nos animamos a formar un grupo, Kinkymud, hasta que hace un año o así él lo dejó y me quedé en solitario y me cambié el nombre a Proletario, formalizando un poco la situación y haciéndolo más serio.

Clase trabajadora frente al éxito individual

En un contexto donde muchas letras hablan de éxito individual y dinero, tú pones el foco en la clase trabajadora. ¿Es una forma de contracultura?

Podríamos decir que sí. Al final, la cultura e ideología dominante es la que impone la clase dominante: quien domina el discurso domina el mundo. No hay nada más ansiado por las élites capitalistas que la creencia particular de que con esfuerzo individual todo es posible, que cualquiera puede convertirse de la noche a la mañana en un Elon Musk o un Bill Gates.

“Ignorar las condiciones económicas y estructurales tiene una alta carga ideológica”.

Obviamente, sin esfuerzo y trabajo no se consigue nada, pero ignorar las condiciones económicas y estructurales que interactúan con las demás variables tiene una alta carga ideológica. Por lo que podríamos decir que sí, mi música es contrahegemónica y busca la formación de ese bloque histórico de fuerzas gramsciano para hacer frente al neoliberalismo y luchar por lo que considero que sería la sociedad ideal.

Rabia o reflexión al escribir

¿Qué pesa más cuando escribes: la rabia o la reflexión?

Pues sinceramente, rabia no siento. Esos tiempos en los que discutía con todo el que pensaba distinto a mí y pasaba horas teniendo debates de colegio pasaron. Mis temas, aunque no lo parezca, si los analizas bien poseen numerosos recursos lingüísticos, como antinomias, metonimias, metáforas e hipérboles, para cargar las canciones de contenido ontológico y filosófico, pero simplificado y extrapolado al campo político.

Por supuesto que siento rabia, ¿quién no va a sentir rabia viendo cómo se ríen de nosotros día tras día? La cuestión es saber en qué dirección y cómo canalizarla. Mi rabia no es odio hacia el “enemigo” político o el adversario; es rabia hacia el sistema político liberal y el modelo de producción capitalista que está destruyendo el tejido social y el ecosistema.

Rap: altavoz social o entretenimiento?

¿El rap sigue siendo un altavoz del conflicto social o se ha convertido en entretenimiento?

Por supuesto que sí, el rap ha sobrevivido a la represión durante más de tres décadas. Pero también ha pasado de ser algo transgresor y retador a simplemente entretenimiento “no ideológico” y mediático, en el que cualquier personaje puede cantar sobre temas sin trascendencia y ganar mucho dinero. El capitalismo mercantiliza todo lo posible en su afán de beneficios y eso incluye el arte y la música. Aun así, puede ser utilizado como altavoz para reivindicar luchas o deslegitimar discursos.

La evolución constante

¿Hay algún verso tuyo que hoy escribirías diferente?

Seguro que sí, nada es fijo, todo cambia; lo único eterno es el cambio. Quien escuche mis primeras canciones y ahora escuche las últimas se dará cuenta de esa evolución, propia de los artistas y de su maduración personal como parte del proceso vital. Yo jamás volveré a pensar como aquel chaval de 20 años que levantaba el puño mientras cantaba la internacional comunista, pero me habrá servido para pensar como pienso hoy y para construir mi ideología.

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