“Llevo cuatro años esperando una vivienda mientras temo acabar en la calle con mi hija”
Lena, vecina de Torrejón de Ardoz, denuncia falta de alternativas habitacionales, problemas con la atención recibida en Servicios Sociales y un proceso de desgaste mientras afronta un desahucio.
Una vecina de Torrejón de Ardoz, madre soltera de una niña de tres años, ha decidido hacer pública su situación tras asegurar que lleva cuatro años reclamando una solución habitacional sin obtener respuesta definitiva por parte de los Servicios Sociales municipales ni de las administraciones competentes. Lena, que afronta un procedimiento de desahucio tras la finalización de su contrato de alquiler en una vivienda gestionada por un fondo de inversión, asegura sentirse “agotada” después de años de trámites, ayudas temporales y solicitudes de vivienda social.
Según explica, llegó a la vivienda pagando un alquiler de entre 580 y 680 euros mensuales, cantidad que terminó aumentando hasta unos 765 euros. Relata que, tras finalizar el contrato, recibió un burofax comunicándole que no habría renovación o que, en caso de renovarse, el precio pasaría a ajustarse al mercado actual.
“En ese momento me había quedado sin trabajo porque no podía conciliar con mi hija. Ahí empezó todo”, explica.
Desde entonces, asegura haber acudido en numerosas ocasiones a Servicios Sociales de Torrejón de Ardoz para solicitar ayudas y una alternativa habitacional estable. Afirma que durante estos años ha recibido apoyos puntuales para alimentación y parte del alquiler, aunque considera que nunca se ha dado una solución definitiva a su situación.
“Yo no quiero vivir de ayudas. Solo quiero una vivienda social que pueda pagar y un trabajo compatible con el cuidado de mi hija”, sostiene.
Lena explica que las dificultades para acceder al empleo se han visto agravadas por la falta de conciliación familiar. Según relata, ha intentado encontrar trabajo en distintos sectores, pero asegura que muchas entrevistas terminan cuando explica que está sola al cuidado de una niña pequeña y no dispone de una red familiar estable que pueda hacerse cargo de ella.
“He buscado trabajo de peluquera, en logística, en cualquier cosa. Pero cuando explicas que eres madre sola y no tienes con quién dejar a tu hija, directamente te descartan”, lamenta.
La vecina también critica el trato recibido durante algunos procedimientos administrativos y asegura haberse sentido fiscalizada respecto a sus gastos personales y familiares mientras tramitaba informes de vulnerabilidad y ayudas sociales.
“Se ponen a mirar si gasto dinero en ocio para mi hija, si la llevo un día a un parque de bolas o si compro pollo precocinado. Yo solo quiero que mi hija tenga una vida digna”, afirma.
Según su relato, ha presentado reclamaciones ante el Ayuntamiento y escritos dirigidos al Defensor del Pueblo solicitando el cambio de trabajadora social y denunciando situaciones que considera impropias de un servicio destinado a atender a personas vulnerables.
Otro de los aspectos que denuncia es la falta de alternativas habitacionales pese a encontrarse, según asegura, en una situación económica complicada y con un procedimiento judicial abierto por el alquiler de su vivienda. “Me dicen que ya no hay nada más que hacer y que me vaya a otro municipio como Tarancón, donde vive mi madre, aunque allí tampoco tendría acceso inmediato a vivienda”, explica.
Lena llegó a España junto a su familia procedente de Irak en los años noventa huyendo de la guerra. Explica que tanto ella como sus padres han trabajado durante décadas en distintos sectores y reivindica que siempre ha cotizado y mantenido su vida de forma autónoma hasta que la maternidad y la precariedad laboral la situaron en una situación límite.
“He trabajado más de veinte años. Nunca pensé que acabaría pidiendo ayuda así”, señala.
En su testimonio también muestra preocupación por la incertidumbre que vive su hija ante la posibilidad de perder la vivienda donde residen actualmente. La vecina insiste en que su principal objetivo es encontrar estabilidad para poder rehacer su vida y garantizar un entorno seguro para la menor.
“Estoy agotada mentalmente. Solo saco fuerzas por ella. Lo único que pido es estabilidad para mi hija y poder salir adelante”, concluye.

