Graciela Ramírez: “No se puede analizar la economía cubana sin hablar del bloqueo”

ENTREVISTA | CUBA

La periodista argentina afincada en Cuba analiza las nuevas reformas económicas aprobadas por La Habana, el impacto cotidiano de las sanciones estadounidenses y el coste humano de una política que condiciona la vida diaria de millones de personas.

Cuba afronta una nueva etapa económica en uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. La Asamblea Nacional del Poder Popular ha aprobado un paquete de transformaciones económicas y sociales con 176 propuestas agrupadas en 23 ejes de actuación, orientadas a intervenir sobre sectores clave como la agricultura, la energía, el transporte, el comercio exterior o el turismo.

Pero cualquier análisis sobre la economía cubana, advierte Graciela Ramírez, queda incompleto si no se introduce en la ecuación el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos. Una política que Washington mantiene desde hace más de seis décadas y que la Asamblea General de Naciones Unidas ha reclamado levantar de forma reiterada.

Quién es Graciela Ramírez

Graciela Ramírez es periodista argentina afincada en Cuba, especialista en Derecho y Dirección Comercial. Directora de la Oficina de Resumen Latinoamericano en La Habana y jefa editorial de Prensa Cubana en Resumen Latinoamericano, analiza en esta entrevista las nuevas reformas económicas impulsadas por el Gobierno cubano, el impacto del bloqueo de Estados Unidos y sus consecuencias directas en la vida cotidiana de la población.

El bloqueo duele profundamente en lo cotidiano, en el día a día de las familias, en lo más básico: cuando tienes niños, padres mayores o un ser querido enfermo.

En esta conversación con Contraplano, Graciela Ramírez sitúa las reformas en un escenario de fuerte presión exterior, defiende que el bloqueo atraviesa toda la economía cubana y pone ejemplos concretos de su impacto en la alimentación, la sanidad, el transporte, la energía y el acceso a productos básicos.

Cuba acaba de aprobar nuevas reformas económicas en un contexto de enorme presión exterior. ¿Hasta qué punto se puede analizar cualquier cambio interno en la isla sin tener en cuenta el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos?

Se trata de una propuesta importante de medidas económicas, muchas de ellas discutidas ya en los Lineamientos Económicos hace algunos años y que, por distintas razones, no pudieron aplicarse entonces. Pero no se puede analizar la economía cubana sin mencionar el bloqueo. Para mí es el obstáculo principal para el desarrollo del país. Lo atraviesa absolutamente todo.

Cuba lleva más de seis décadas sometida a esa política. Ningún otro país ha vivido una situación semejante durante tanto tiempo, además frente a la potencia más poderosa del mundo y su vecino más cercano, a solo 90 millas. Desde el triunfo revolucionario de 1959, Washington empezó a aplicar medidas para socavar la economía cubana.

El memorando de Lester Mallory, de abril de 1960, dejó claro el objetivo de esa política: provocar malestar económico, dificultades materiales, hambre y desesperación para intentar romper el apoyo interno a la Revolución. Ese espíritu sigue presente, ahora agravado por leyes extraterritoriales como la Torricelli y la Helms-Burton, que extienden las sanciones más allá de las fronteras de Estados Unidos.

Desde fuera muchas veces se habla de la crisis cubana sin mencionar el embargo. Viviendo allí, ¿cómo se nota en la vida cotidiana esa política de asfixia: en la alimentación, los medicamentos, el transporte, la energía o el acceso a productos básicos?

El bloqueo duele profundamente en lo cotidiano, en el día a día de las familias. Se nota en lo más básico: cuando tienes niños, cuando tus padres necesitan cuidados o cuando tienes un ser querido enfermo.

Se nota cuando se rompe una nevera y no encuentras una pieza de repuesto. Cuando una persona diabética no tiene los kits para la insulina. Cuando una familia necesita una silla de ruedas para un abuelo y no la puede comprar ni alquilar porque no hay. He visto personas entrar en un hospital llevando a una abuela en una silla de casa.

También se nota en situaciones tan duras como los pañales para adultos, que muchas veces se terminan haciendo de manera rudimentaria con telas viejas o materiales improvisados. Cuba llegó a producir la mayor parte de los medicamentos que necesitaba su población, pero hoy no puede garantizarlos en muchos casos.

La falta de insumos afecta operaciones, tratamientos de hemodiálisis, quimioterapia, vacunación infantil, curas básicas o incluso material para una sutura. Eso provoca un enorme sufrimiento en las familias y también en el personal sanitario, que sabe qué tratamiento debería aplicar, pero no siempre dispone de los medios.

En el transporte público la escasez es absoluta. La gente recorre largas distancias en bicicleta, bicimoto, triciclo o caminando. Y los apagones, derivados también del bloqueo energético, pueden superar las 24 horas. Si la luz llega a las tres de la madrugada, muchas personas se levantan a cargar agua, cocinar o lavar. Es muy duro.

Vista del Malecón de La Habana, Cuba
Imagen de archivo del Malecón de La Habana. Foto: Ezarate / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.

“Si la luz llega a las tres de la madrugada, la gente se levanta a cargar agua, cocinar o lavar”.

Estados Unidos presenta el embargo como una herramienta política contra el Gobierno cubano, pero sus consecuencias las sufre la población. ¿Por qué crees que se sigue manteniendo una medida que organismos internacionales y la mayoría de países de la ONU rechazan año tras año?

Estados Unidos persiste en una política de daño masivo a la población cubana para intentar rendir al pueblo por hambre, fatiga y enfermedades. El objetivo es provocar un estallido interno que acabe con la Revolución.

Se habla mucho de derechos humanos, pero se ignora el derecho internacional y el reclamo reiterado de la inmensa mayoría de países en Naciones Unidas para poner fin al bloqueo económico, financiero y comercial. Cuba es un país pequeño, con pocos recursos, pero representa un ejemplo de soberanía política. Ha mantenido en pie sistemas de salud, educación y cultura incluso bajo bloqueo.

Las nuevas reformas del Gobierno cubano buscan abrir espacios económicos y proteger al mismo tiempo la soberanía del país. ¿Qué margen real tiene Cuba para reformarse cuando buena parte de sus relaciones comerciales, financieras y bancarias están condicionadas por las sanciones estadounidenses?

Todas las medidas adoptadas buscan desarrollar las fuerzas productivas, eliminar trabas burocráticas y abrir posibilidades de inversión y desarrollo, manteniendo la soberanía y las conquistas de la Revolución.

Se dan en un contexto muy adverso, pero eso no impedirá que se lleven adelante. En la medida en que se vayan implementando, se verá cuál es su margen real y su alcance concreto. Pero hay que entender que Cuba reforma su economía con buena parte de sus relaciones comerciales, financieras y bancarias condicionadas por las sanciones estadounidenses.

En muchos medios internacionales se señala a Cuba por sus dificultades económicas, pero se habla mucho menos del coste humano del bloqueo. ¿Crees que existe una mirada informativa injusta o incompleta sobre lo que ocurre en la isla?

Sí. La mirada de los grandes medios es profundamente sesgada. En esta etapa de crisis del imperialismo y avance de nuevas formas de derecha y de fascismo, conviene presentar el socialismo como un supuesto fracaso económico y ocultar las causas que impiden el desarrollo de la economía cubana.

Se culpa a la víctima del crimen que comete el victimario. Pero hay una pregunta muy simple: si el sistema cubano es tan malo, ¿por qué no levantan el bloqueo? Cuba ha entrado en la historia por haber resistido seis décadas y media de asfixia económica y seguir de pie.

Cuba ha resistido durante décadas una presión económica muy dura sin renunciar a su soberanía política. ¿Cómo se vive hoy esa resistencia entre la población, especialmente entre las generaciones más jóvenes?

Un sector importante de la juventud ha migrado en estos años de recrudecimiento del bloqueo. Hay un coste social muy grande para las familias, para el joven que se va y para la propia Revolución, que los formó como profesionales.

Pero también hay otro sector que estudia, trabaja y crea. Una juventud que forma parte de una vanguardia política y otra que apuesta por salir adelante con emprendimientos propios. La juventud ha sido muy bombardeada desde las redes sociales para cortar su vínculo histórico con la Revolución, pero sigue siendo una juventud martiana que, incluso bajo una fuerte campaña anticubana, no quiere volver a ser colonia de Estados Unidos.

Si tuvieras que explicar a una persona que nunca ha estado en Cuba qué significa realmente el bloqueo, más allá de una palabra repetida en los discursos políticos, ¿qué ejemplo concreto de la vida diaria utilizarías?

Lo explicaría con una imagen: el bloqueo histórico y energético es como un extraño que viola la puerta de tu casa, pone a toda tu familia contra la pared —desde el recién nacido hasta el abuelo— y va apretando el cuello de cada uno hasta la asfixia mientras exige que entreguen la casa.

El más débil puede morir, otro puede intentar escapar, pero el conjunto de la familia resiste, protege al niño, no se arrodilla, no pierde su dignidad y no pierde la esperanza de que la vecindad, a la que siempre ayudó compartiendo no lo que sobraba sino lo que tenía, levante la voz y acuda en su ayuda.

Cuando decimos que el bloqueo es genocidio, no es una etiqueta de la izquierda. Es una dolorosa verdad.

HISTORIA HUMANA

El caso de Natali

Graciela Ramírez recuerda también una historia concreta que resume el impacto humano del bloqueo. Natali, una niña de Camagüey, empezó a cojear cuando tenía dos años. Tras varios estudios, le detectaron un tumor maligno muy agresivo. Fue trasladada a La Habana en plena pandemia y, después de varios tratamientos, tuvieron que amputarle una pierna.

La prótesis disponible era rígida, pesada y le provocaba lesiones en la piel. No había silla de ruedas infantil ni muletas adecuadas. Ramírez cuenta que intentaron comprar una silla por Amazon, pero al introducir la dirección de envío apareció el mensaje: “Lo sentimos, las regulaciones del embargo impiden los envíos a ese destino”.

Finalmente, tuvieron que pedir ayuda a un diplomático latinoamericano para comprarla en otro país y llevarla a La Habana. Las muletas llegaron a través de amigas solidarias de Brasil. Natali se recuperó inicialmente, pero más tarde sufrió una recaída con metástasis. Falleció el 1 de enero de 2025. Tenía siete años.

“Era una niña preciosa a la que jamás olvidaremos. Como tampoco olvidaremos ni perdonaremos el daño que el bloqueo de Estados Unidos hace a este pueblo”, concluye Ramírez.

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