Estar de baja no es absentismo: los datos desmontan el discurso de Feijóo

El líder del PP apunta a las bajas laborales, pero la realidad legal, sanitaria y laboral desmonta la idea de que enfermar sea un privilegio.

Alberto Núñez Feijóo ha vuelto a colocar el foco sobre los derechos laborales. Esta vez, apuntando a las personas trabajadoras que están de baja médica. El líder del Partido Popular ha calificado el absentismo laboral como un “cáncer” y ha sugerido que quienes estén de baja deberían notar esa situación en su salario, abriendo la puerta a recortes en las prestaciones por incapacidad temporal.

El problema es que el planteamiento parte de una confusión interesada: no es lo mismo absentismo que baja médica. El absentismo puede incluir ausencias no justificadas, permisos, situaciones administrativas o incapacidades temporales. Pero una baja médica no la decide el trabajador por voluntad propia: la firma un médico cuando existe una limitación para trabajar.

Convertir una baja médica en una sospecha generalizada contra la clase trabajadora no es rigor económico: es un mensaje político.

La primera gran falsedad del discurso es insinuar que estar de baja equivale a cobrar como si nada. La Seguridad Social establece que, en una baja por enfermedad común o accidente no laboral, los tres primeros días no se cobra prestación; del cuarto al vigésimo día se percibe el 60% de la base reguladora; y desde el día 21, el 75%.

Es decir, para una parte importante de las personas trabajadoras, enfermar ya supone perder ingresos. Solo en algunos casos esa pérdida se compensa mediante convenios colectivos o acuerdos de empresa. Por tanto, cuando Feijóo cuestiona que una persona de baja mantenga su sueldo completo, en realidad no está señalando un privilegio generalizado, sino derechos pactados en la negociación colectiva.

La baja médica no es un regalo

En una baja por enfermedad común, la prestación ordinaria no cubre el 100% del salario. Si una plantilla lo cobra completo, suele deberse a mejoras recogidas en su convenio o en acuerdos laborales.

La discusión pública sobre las bajas laborales existe y debe abordarse con seriedad. En 2025 el absentismo alcanzó cifras elevadas y afectó a cerca de 1,6 millones de personas cada día. Pero el propio dato muestra otra realidad: buena parte de esas ausencias estaban vinculadas a bajas médicas.

No hablamos, por tanto, de una masa de trabajadores simulando enfermedades, sino de un problema de salud laboral, organización del trabajo y funcionamiento del sistema sanitario. Reducirlo todo a una cuestión de castigo salarial es una forma sencilla de señalar al trabajador y evitar mirar las causas de fondo.

Además, las causas del aumento de la incapacidad temporal no se explican solo desde la sospecha. Los trastornos mentales son ya la segunda causa de baja por incapacidad temporal en España, según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. También pesan las dolencias musculoesqueléticas, el envejecimiento de la población trabajadora, las listas de espera y la falta de recursos en la atención sanitaria.

Recortar el sueldo a una persona enferma no la cura antes. Solo la hace más vulnerable.

Una persona con depresión, con una lesión, con cáncer, con una operación pendiente o con una dolencia crónica no vuelve antes al trabajo porque cobre menos. Puede volver peor, más presionada y con más miedo a pedir una baja cuando realmente la necesita.

También es falso que no existan controles. Las bajas médicas son expedidas por el sistema sanitario y las mutuas colaboradoras pueden realizar seguimiento, comprobar la situación que originó el subsidio y proponer altas ante la inspección médica. Si hay fraude, debe perseguirse. Pero perseguir el fraude no puede convertirse en penalizar al conjunto de las personas enfermas.

Esa es la trampa del discurso: utilizar posibles abusos para poner bajo sospecha a todos los trabajadores y trabajadoras que necesitan una baja médica.

El antecedente del PP

En 2012, bajo el Gobierno de Mariano Rajoy, el PP ya aplicó recortes al personal público de baja, limitando los complementos salariales durante los primeros días de incapacidad temporal. La propuesta de Feijóo conecta con aquella misma lógica: convertir la enfermedad en un coste que debe pagar, primero, quien la sufre.

La discusión seria no pasa por castigar al trabajador enfermo, sino por reforzar la sanidad pública, reducir listas de espera, mejorar la prevención de riesgos laborales, actuar sobre la salud mental, vigilar el fraude real y revisar las condiciones laborales que enferman a miles de personas.

Porque lo que Feijóo llama “cáncer” no son las bajas. El problema es un modelo que prefiere señalar al trabajador antes que mirar a las empresas, a la precariedad, a la falta de prevención y a un sistema sanitario saturado.

Estar enfermo no es absentismo. Estar de baja no es un privilegio. Y defender que una persona no sea castigada por enfermar no es una concesión: es una cuestión básica de derechos laborales.

Fuentes consultadas

  • RTVE: declaraciones de Feijóo sobre bajas laborales y absentismo.
  • Seguridad Social: prestación por incapacidad temporal.
  • Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo: salud mental e incapacidad temporal.
  • Cadena SER: antecedentes del PP sobre recortes en bajas médicas.

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