Antigua plaza de toros de Badajoz, agosto de 1936. Autor desconocido, posiblemente René Brut. Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
El 14 de agosto de 2026 se cumplen 90 años de la entrada en Badajoz de las tropas sublevadas comandadas por Juan Yagüe. Tras la ocupación de la ciudad comenzó una represión masiva contra militares leales a la República, militantes políticos y sindicales, cargos públicos y población civil. La plaza de toros, las calles y las tapias del cementerio de San Juan quedaron unidas para siempre a uno de los episodios más graves de la violencia franquista.
Noventa años después, Badajoz vuelve a mirar hacia los días más oscuros de su historia reciente. Los hechos ocurridos desde el 14 de agosto de 1936 no fueron únicamente el desenlace de una operación militar. A la toma de la ciudad le siguieron detenciones, ejecuciones sumarias y fusilamientos que convirtieron la capital pacense en un símbolo internacional de la represión ejercida por las fuerzas que se habían alzado contra la Segunda República.
Aunque la dictadura franquista no quedaría constituida plenamente hasta el final de la guerra, la violencia desplegada en Badajoz formó parte del sistema represivo que acompañó al golpe de Estado y que después sostendría al régimen durante décadas. La eliminación del adversario político no se limitó a quienes habían combatido con las armas: alcanzó también a jornaleros, representantes municipales, sindicalistas, militantes de organizaciones obreras y vecinos señalados por sus ideas o por su vinculación con la legalidad republicana.
Una ciudad decisiva para el avance de los sublevados
Badajoz tenía un enorme valor estratégico. Su ocupación permitía asegurar la frontera con Portugal y unir las zonas controladas por los militares golpistas en el sur y el norte de la península. A comienzos de agosto de 1936, Francisco Franco ordenó que las columnas del Ejército de África avanzaran desde Sevilla hacia Madrid por la Vía de la Plata.
Las fuerzas que llegaron a la capital extremeña estaban integradas principalmente por legionarios y regulares y se encontraban bajo el mando del entonces teniente coronel Juan Yagüe. La ciudad fue atacada con artillería y aviación antes del asalto del 14 de agosto. La resistencia republicana, formada por militares leales, carabineros y milicianos con menos medios, fue derrotada tras duros combates en distintos puntos del recinto amurallado.
La entrada de las tropas no puso fin a la violencia. En las horas y jornadas siguientes comenzaron los registros de viviendas, las detenciones y las ejecuciones. Numerosos prisioneros fueron trasladados a la antigua plaza de toros, utilizada como recinto improvisado de reclusión. También hubo fusilamientos en otros lugares de la ciudad y junto a las tapias del cementerio de San Juan.
La plaza de toros y el cementerio de San Juan
La antigua plaza de toros se convirtió en el espacio más reconocible de la matanza. Allí fueron concentradas miles de personas detenidas tras la ocupación. La documentación histórica y los testimonios de quienes entraron en Badajoz durante aquellos días acreditan que en el recinto y en sus dependencias se produjeron ejecuciones, mientras otros prisioneros eran trasladados para ser fusilados en distintos puntos.
Los cuerpos fueron llevados al cementerio de San Juan. Parte de ellos fue incinerada y otros quedaron depositados en fosas comunes. Las imágenes filmadas por el cámara francés René Brut los días posteriores mostraron cadáveres junto a las tapias y restos calcinados en el interior del camposanto. Aquel material gráfico atravesó las fronteras y dejó una prueba visual de la dimensión de la represión.
En el lugar donde se levantaba la plaza de toros se encuentra hoy el Palacio de Congresos de Badajoz. El espacio alberga el memorial Badajoz, 1936, dedicado a las personas asesinadas en la antigua plaza y al conjunto de las víctimas de la represión franquista en la ciudad. El cementerio de San Juan, por su parte, continúa siendo un punto central para las familias y las asociaciones memorialistas.
La matanza no terminó con la caída de la ciudad: la represión continuó durante semanas y abrió un largo periodo de persecución contra quienes habían defendido la República o eran considerados desafectos por las nuevas autoridades.
Una cifra que sigue sin poder cerrarse
El número exacto de personas asesinadas continúa siendo objeto de investigación. La ausencia de una investigación judicial tras los hechos, la falta de inscripciones en los registros y la existencia de fosas comunes impiden establecer una cifra definitiva. Las estimaciones difundidas por los corresponsales en 1936 y las elaboradas posteriormente por los historiadores presentan diferencias importantes.
Uno de los trabajos más exhaustivos es el realizado por el historiador Francisco Espinosa Maestre. Sus investigaciones han documentado alrededor de 1.400 asesinatos a partir de los libros del cementerio y del Registro Civil, pero sitúan el alcance real de la represión en torno a 3.800 víctimas, al considerar que un gran número de muertes nunca fue anotado oficialmente.
La cautela sobre el total no reduce la magnitud de lo sucedido. La historiografía coincide en que miles de personas fueron asesinadas en Badajoz durante la represión iniciada tras la ocupación. También coincide en que la matanza tuvo una finalidad ejemplarizante: extender el miedo, desarticular las organizaciones políticas y sindicales y borrar la experiencia republicana en una provincia marcada por los conflictos en torno a la propiedad de la tierra y la reforma agraria.
Los corresponsales que contaron al mundo lo ocurrido
Buena parte de lo que se conoció en el exterior se debió a periodistas portugueses, franceses y estadounidenses. El portugués Mário Neves entró en Badajoz poco después de la ocupación y describió en sus crónicas la presencia de cadáveres, las ejecuciones y el humo procedente del cementerio. Su último despacho fue censurado por la dictadura portuguesa de António de Oliveira Salazar.
También informaron desde la ciudad los periodistas Marcel Dany y Jacques Berthet. Días después, el estadounidense Jay Allen publicó en el Chicago Tribune una crónica que tuvo una enorme repercusión internacional. Otro corresponsal norteamericano, John T. Whitaker, dejó escrito que Yagüe le reconoció las ejecuciones y las justificó por la necesidad de continuar rápidamente el avance de sus columnas.
Las crónicas y las imágenes de René Brut impidieron que la matanza quedara completamente oculta. Sin embargo, durante la dictadura se impuso el silencio sobre las víctimas y se dificultó el acceso a la documentación. Décadas más tarde, la investigación histórica, los testimonios familiares y el trabajo de las asociaciones de memoria comenzaron a reconstruir nombres, lugares y responsabilidades.
Alcaldes, cargos públicos y trabajadores entre las víctimas
La represión alcanzó a personas de perfiles muy distintos. Entre ellas estuvieron tres alcaldes de Badajoz durante la Segunda República: Eladio López Alegría, Juan Antonio Rodríguez Machín y Sinforiano Madroñero. Este último, alcalde de la ciudad cuando se produjo el asalto, había huido a Portugal junto al diputado socialista Nicolás de Pablo. Ambos fueron devueltos a territorio español por las autoridades portuguesas y fusilados el 20 de agosto de 1936.
Junto a los representantes políticos fueron asesinados militares leales, empleados públicos, campesinos, obreros y militantes de partidos y sindicatos. Muchas familias tardaron décadas en conocer el lugar en el que habían sido enterrados sus parientes. Otras todavía buscan respuestas y una identificación que permita recuperar sus restos.
Badajoz conmemora el 90.º aniversario
La conmemoración de 2026 llega acompañada de nuevos actos ciudadanos. La Asociación 25 de Marzo ha convocado para el viernes 14 de agosto, a las 20:30 horas, una manifestación que partirá del Baluarte de la Trinidad. El sábado 15, a las 10:00 horas, tendrá lugar una ofrenda floral en el Cementerio Municipal de Badajoz.
Actos por los 90 años de la matanza de Badajoz
Manifestación: viernes 14 de agosto, 20:30 horas, Baluarte de la Trinidad.
Ofrenda floral: sábado 15 de agosto, 10:00 horas, Cementerio Municipal de Badajoz.
La efeméride también vuelve a situar en primer plano la protección de los lugares donde se produjeron los crímenes. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura solicitó en 2024 que las tapias, las fosas comunes y el Departamento 4 del cementerio de San Juan, junto con su memorial, fueran declarados Lugar de Memoria Democrática. La petición busca garantizar su conservación, señalización y explicación pública.
Recordar Badajoz no consiste únicamente en volver sobre una fecha del pasado. Supone reconocer a quienes fueron asesinados, continuar la búsqueda de las personas desaparecidas y conservar los espacios que permiten explicar lo ocurrido. A los 90 años de la matanza, la exigencia de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición continúa acompañando a las familias y a los colectivos que durante décadas se han enfrentado al silencio.

