Diario a bordo del Sirius: escribir contra el genocidio cuando los gobiernos miran hacia otro lado

Manuel García Morales convierte su participación en la Global Sumud Flotilla en una crónica política sobre Palestina, la solidaridad internacional y la capacidad de la sociedad civil para enfrentarse a aquello que las instituciones toleran o no quieren detener.

«Nos van a interceptar probablemente ahora».

Con esa frase abrupta termina la última anotación escrita por Manuel García Morales a bordo del Sirius. No hay despedida ni reflexión cuidadosamente preparada. La escritura se interrumpe porque la Armada israelí se acerca y las personas embarcadas deben ocupar los lugares asignados durante los simulacros.

Ese corte repentino resume buena parte del valor de Diario a bordo del Sirius (Crónica de la Global Sumud Flotilla a Gaza). No estamos ante una reconstrucción elaborada meses después, cuando el peligro ya ha pasado, sino ante un texto escrito mientras los acontecimientos todavía podían cambiar de rumbo. El autor escribe sin conocer el final de la historia, condicionado por las averías, el oleaje, los ataques con drones, las discusiones organizativas y la posibilidad cada vez más cercana de ser detenido.

El diario comienza el 28 de agosto de 2025, durante los preparativos en Barcelona, y concluye el 8 de octubre, después del abordaje del Sirius, el traslado forzoso a Israel y el encarcelamiento de sus ocupantes en la prisión de Ktziot, en el desierto del Néguev.

No es un libro sobre una aventura marítima.

El Mediterráneo no aparece como un paisaje exótico, sino como una frontera política: el espacio que separa a una sociedad civil dispuesta a actuar de unos gobiernos que, pese a sus declaraciones, no consiguieron detener la destrucción de Gaza ni garantizar la entrada de ayuda humanitaria.

La solidaridad también se construye con tareas pequeñas

Uno de los aciertos del libro es que no presenta la flotilla únicamente a través de sus figuras más conocidas. Aunque aparecen Ada Colau, Serigne Mbayé, Juan Bordera, Mandla Mandela o Greta Thunberg, el protagonismo pertenece al conjunto de personas que sostuvieron la travesía.

García se detiene en quienes cocinaron para decenas de personas, repararon motores, organizaron guardias, tradujeron las asambleas, distribuyeron el agua, limpiaron el barco o cuidaron a quienes sufrían mareos. En el Sirius se hablaba inglés, castellano, turco y portugués, mientras convivían activistas procedentes de Argentina, Brasil, Egipto, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Irlanda, Malasia, Túnez y Turquía.

Hay lentejas, arroz con salsa de cacahuete, cafeteras que salen despedidas por el movimiento del barco, duchas con agua del mar, inodoros averiados y ropa lavada en barreños. Son detalles aparentemente menores, pero constituyen el corazón político del relato. La solidaridad no aparece como una consigna abstracta, sino como una forma de organizar la vida cotidiana.

El autor lo explica recurriendo a la idea del «hombre nuevo» de Ernesto Che Guevara, aunque inmediatamente amplía el concepto para hablar de una «persona nueva»: aquella que sustituye la competitividad por la cooperación y asume las tareas de cuidados sin reproducir las jerarquías de género.

En ese espacio reducido, donde más de treinta personas deben compartir comida, sueño, incertidumbre y miedo, se ensaya el mundo que quienes navegan dicen defender. La igualdad no se proclama únicamente en las asambleas: también se demuestra fregando platos, cocinando o ayudando a levantarse a quien ha perdido el equilibrio.

Un diario escrito desde una posición política

Diario a bordo del Sirius no pretende ser neutral. Manuel García escribe desde una trayectoria militante y no intenta ocultarla bajo el lenguaje aséptico con el que demasiadas veces se recubren la ocupación, el colonialismo o la violencia contra la población civil.

Nacido en Málaga en 1953 y criado en una corrala sin agua corriente ni saneamiento, García procede de una familia golpeada por la represión franquista. Su abuelo, militante comunista, fue fusilado sin juicio después de la ocupación de Málaga en 1937. El propio autor comenzó a participar en actividades clandestinas contra la dictadura con 17 años y pasó por la cárcel en varias ocasiones durante la década de 1970.

Su militancia sindical en Comisiones Obreras, su vinculación con el PCE, el trabajo por la recuperación de la memoria de La Desbandá y sus numerosos viajes de solidaridad a Irak, el Sáhara, Cuba, Palestina, Siria o el Kurdistán explican desde dónde observa la flotilla.

Esa biografía no funciona como una credencial colocada al final del libro. Está presente en su forma de relacionar acontecimientos. La salida desde el Moll de la Fusta le conduce a recordar la huelga de La Canadiense y la conquista de la jornada de ocho horas. La preparación de los activistas conecta con los atletas que iban a participar en la Olimpiada Popular de 1936 y acabaron incorporándose a las Brigadas Internacionales. Gaza dialoga con La Desbandá, con Salvador Allende, con Víctor Jara y con los versos de Nazim Hikmet.

Gaza no desaparece detrás de la flotilla

El mayor peligro de cualquier relato sobre una misión internacional sería convertir a sus participantes europeos en protagonistas y relegar nuevamente al pueblo palestino. García intenta evitarlo incorporando testimonios de periodistas, estudiantes, médicos, músicos y familias de Gaza.

Entre una avería y una asamblea aparecen Eman Murtaja describiendo cómo el hambre obliga a vender los libros con los que estudiaba; Hazem Alghosain contando la muerte de veinte niños que acudían a su taller musical; el relato sobre la detención del doctor Hussam Abu Safiya, director del hospital Kamal Adwan; o la historia de Musab, un adolescente consumido por la desnutrición después de resultar herido.

Estos testimonios rompen cualquier posible tentación épica. Mientras las personas del Sirius afrontan incomodidades y peligros reales, la población de Gaza lucha diariamente por conseguir agua, alimento, medicinas o un lugar donde refugiarse. La flotilla no sustituye esa resistencia ni habla en su nombre: trata de acompañarla y de romper el aislamiento impuesto.

El libro también documenta la movilización que se produce en tierra. Los estibadores de Génova dispuestos a bloquear los envíos hacia Israel, las protestas contra la presencia del equipo Israel-Premier Tech en la Vuelta Ciclista a España o las concentraciones que reciben a la flotilla muestran que el Sirius no navegaba solo.

«Tod@s vamos en el mismo barco».

La fuerza y los límites de una escritura urgente

No todas las páginas mantienen la misma intensidad. El diario incorpora comunicados, noticias, cifras y largos fragmentos de artículos publicados por otros medios. Estos documentos ayudan a reconstruir el contexto, pero en algunos momentos desplazan la voz personal del autor, que es precisamente la parte más singular del libro.

También existen repeticiones inevitables en un texto escrito y difundido jornada tras jornada. Las averías, las previsiones de llegada, las reuniones, los recuentos de embarcaciones y la amenaza de un ataque reaparecen continuamente. Una edición más contenida habría dado mayor fluidez al relato, aunque también habría eliminado parte de su naturaleza documental.

El libro debe leerse como el registro de un mes de incertidumbre, no como un informe definitivo sobre la ofensiva israelí contra Gaza. Sus datos pertenecen al momento exacto en que fueron escritos y su lenguaje refleja tanto la convicción política del autor como la presión de encontrarse en una embarcación vigilada y amenazada.

Pero es precisamente cuando García abandona las grandes declaraciones y describe lo que tiene delante cuando el texto alcanza su mayor fuerza: un pájaro que se posa sobre la mano de un compañero; los delfines que acompañan la salida de Bizerta; una madre palestina que reconoce en un joven activista al hijo encarcelado; las luces de los pequeños veleros confundidas con estrellas; o la fotografía colectiva tomada al anochecer, cuando ya saben que el abordaje puede producirse en cualquier momento.

Del abordaje a la cárcel de Ktziot

El último apunte, escrito el 8 de octubre, reconstruye lo ocurrido después de la interrupción del diario. El Sirius fue el segundo barco abordado, después del Alma. Sus ocupantes permanecieron durante horas en cubierta, con los chalecos salvavidas puestos, mientras la embarcación era desviada hacia el puerto de Asdod.

A partir de ese momento desaparece cualquier retórica marinera. García relata los empujones, las posturas forzadas, los golpes, el fichaje policial, las celdas abarrotadas y la negativa a facilitar medicamentos a personas diabéticas o con problemas cardiacos.

«Aquí no tenemos médicos para animales».

Respuesta que, según los testimonios recogidos en el libro, dio un policía ante la petición de insulina para un compañero diabético.

El desenlace confirma que el objetivo del viaje no era únicamente transportar alimentos o medicinas. La carga de la flotilla nunca podía cubrir las necesidades de una población sometida a un bloqueo prolongado. Su propósito político era denunciar ese bloqueo, abrir un corredor humanitario y obligar al mundo a mirar hacia Gaza.

El prólogo de Carlos Bardem define el libro como «inspiración y llamada». Esa descripción resulta acertada siempre que no convirtamos la lectura en una admiración pasiva hacia quienes se embarcaron. Diario a bordo del Sirius no reclama héroes distantes. Interpela a quienes permanecieron en tierra y recuerda que la solidaridad pierde su significado cuando no se transforma en organización, movilización y presión política.

Manuel García no escribió este diario para que contempláramos la travesía desde un lugar seguro. Lo escribió para dejar constancia de que, mientras numerosos gobiernos administraban sus silencios y calculaban el coste diplomático de cada medida, cientos de personas decidieron navegar hacia el lugar donde se estaba negando el derecho a existir de todo un pueblo.

El Sirius no consiguió alcanzar Gaza. Sin embargo, su diario sí rompe una parte del bloqueo: el que se construye mediante el silencio, la indiferencia y la normalización de la barbarie.

Ficha del libro

  • Título: Diario a bordo del Sirius (Crónica de la Global Sumud Flotilla a Gaza)
  • Autor: Manuel García Morales
  • Prólogo: Carlos Bardem
  • Editorial: Atrapasueños SCA
  • Primera edición: 2026
  • Extensión: 168 páginas
  • ISBN: 979-13-991639-2-6

Documentación utilizada: texto completo de Diario a bordo del Sirius, portada, ficha editorial y biografía facilitada por el autor.

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