La generación que se rebela: jóvenes de todo el mundo se levantan contra la precariedad y el deterioro de los servicios públicos

Foto: FreCha / Wikimedia Commons (CC BY-SA).

INTERNACIONAL | CONTRAPLANO | 25 OCTUBRE 2026

De Francia a Nepal, pasando por Marruecos, Italia, Serbia, Albania, Madagascar, Portugal y España, las movilizaciones juveniles cuestionan las prioridades de sus gobiernos. Educación, sanidad, vivienda, corrupción y falta de perspectivas de futuro se encuentran entre las principales causas de una ola de protestas que, en algunos países, ha desencadenado profundas crisis políticas.

Manifestación de estudiantes franceses en París en octubre de 2026
Manifestación estudiantil en París, 6 de octubre de 2026. Fotografía: FreCha / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA. Imagen original y condiciones de uso.

Durante años, a los jóvenes se les ha pedido que estudien, se formen, acepten las condiciones del mercado laboral y confíen en que el esfuerzo individual terminará garantizándoles un futuro. Sin embargo, para una parte cada vez más visible de esa generación, la promesa de progreso se ha convertido en una sucesión de obstáculos: salarios insuficientes, dificultades para emanciparse, servicios públicos deteriorados y una creciente incertidumbre económica.

En diferentes lugares del planeta, ese malestar está encontrando una respuesta colectiva. Las calles de Francia, Italia, Nepal, Marruecos o Madagascar han sido escenario de protestas en las que miles de jóvenes reclaman cambios en las prioridades de sus gobiernos.

España también forma parte de este escenario de movilización social. La crisis de acceso a la vivienda ha desencadenado acampadas en distintas ciudades y una convocatoria de huelga general para el próximo 11 de noviembre, con el respaldo de organizaciones sindicales y movimientos de inquilinas.

No existe una organización internacional que dirija todas estas movilizaciones ni sus participantes comparten necesariamente una misma ideología. Sus reivindicaciones nacen de realidades políticas diferentes, pero presentan coincidencias significativas: rechazo a la corrupción, defensa de los servicios públicos, preocupación por las desigualdades y desconfianza hacia unas instituciones que consideran alejadas de sus necesidades.

La organización internacional CIVICUS ha identificado el protagonismo de la juventud y las nuevas formas de organización digital como características relevantes de diversas protestas recientes. La movilización ya no depende exclusivamente de partidos políticos, sindicatos o asociaciones tradicionales, aunque estos continúan desempeñando un papel importante.

Francia: una protesta por las aulas que termina cuestionando las prioridades del Gobierno

El ejemplo más reciente se encuentra en Francia, donde las movilizaciones estudiantiles iniciadas el 21 de septiembre de 2026 han dado paso a un movimiento de alcance nacional.

El conflicto comenzó con las denuncias de estudiantes y profesores por la escasez de personal educativo. Las quejas pronto se extendieron a otros centros que denunciaban problemas similares: clases masificadas, edificios deteriorados, falta de sustituciones docentes, horarios sobrecargados y dificultades de acceso a la enseñanza superior.

Los estudiantes reclaman más financiación educativa, contratación de profesorado permanente, mejoras en los edificios escolares y cambios en determinadas políticas de acceso universitario.

El 6 de octubre, las manifestaciones reunieron a cientos de miles de participantes, con cifras distintas según las estimaciones oficiales y las organizaciones convocantes. El conflicto continuó creciendo durante las siguientes semanas hasta incorporar a docentes, familias, trabajadores y organizaciones sindicales.

El sábado 24 de octubre, según la agencia Associated Press, el Ministerio del Interior contabilizó 410.000 manifestantes en Francia, mientras que la CGT elevó la participación a cerca de 800.000.

Las protestas ya no se limitan al sistema educativo. El encarecimiento de la vida, el deterioro de los servicios públicos y las condiciones laborales se han incorporado a las reivindicaciones, aumentando la presión sobre el presidente Emmanuel Macron.

Las movilizaciones francesas en cifras

410.000 personas
Estimación del Ministerio del Interior, 24 de octubre.

Cerca de 800.000 personas
Estimación de la CGT para la misma jornada.

Escala comparativa sobre 800.000 participantes. Son dos estimaciones diferentes de una misma movilización, no cifras acumulables. Fuente: Associated Press, 24 de octubre de 2026.

La extensión del movimiento supone uno de los principales desafíos sociales del último tramo del mandato de Macron. Los sindicatos y colectivos convocantes ya han planteado nuevas movilizaciones para el 31 de octubre y una huelga nacional para el 5 de noviembre, según informó Reuters el 25 de octubre.

El conflicto también se libra en las calles: la actuación policial bajo escrutinio

Las protestas francesas han estado acompañadas de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, detenciones y denuncias sobre el uso excesivo de la fuerza.

Durante algunas jornadas se registraron episodios de vandalismo, lanzamiento de objetos e incendios. Las autoridades han defendido los dispositivos policiales para mantener el orden público y perseguir los delitos cometidos.

Sin embargo, organizaciones de derechos humanos y participantes en las protestas han denunciado intervenciones desproporcionadas y lesiones sufridas por manifestantes.

Es importante distinguir entre la participación pacífica de cientos de miles de personas y los incidentes violentos registrados durante determinadas jornadas. Reducir todo el movimiento a los enfrentamientos con la policía supondría dejar en segundo plano las reivindicaciones educativas, laborales y sociales que lo originaron.

La disputa sobre la respuesta policial se ha convertido en otro elemento del conflicto: mientras el Gobierno insiste en la necesidad de garantizar la seguridad, los movimientos juveniles reclaman que se atiendan las causas de la protesta.

Una movilización que comenzó reclamando profesores y aulas dignas ha terminado cuestionando las prioridades económicas y sociales del Gobierno francés.

Italia: más recursos para la educación y críticas al gasto militar

La protesta estudiantil también se ha extendido por Italia, donde miles de jóvenes participaron en movilizaciones durante octubre contra las políticas educativas del Gobierno de Giorgia Meloni.

En ciudades como Roma, Milán, Turín, Bolonia y Nápoles, estudiantes y colectivos sociales denunciaron las deficiencias de las instalaciones educativas, la falta de recursos y las dificultades económicas de las nuevas generaciones.

Las protestas también incorporaron críticas al aumento del gasto militar, a determinadas políticas migratorias y al rumbo político del Ejecutivo italiano.

Para una parte del movimiento estudiantil, el debate presupuestario es fundamental: consideran que las inversiones en educación, vivienda y servicios públicos deberían tener prioridad frente a otras partidas.

Durante las manifestaciones se registraron enfrentamientos puntuales y nuevas convocatorias para mantener la presión sobre el Gobierno.

La experiencia italiana presenta diferencias con la francesa, pero ambas comparten una reivindicación central: la necesidad de garantizar una educación pública capaz de ofrecer oportunidades reales a las nuevas generaciones.

Albania: una revuelta juvenil contra la corrupción y la falta de oportunidades pone contra las cuerdas al Gobierno

Protestas juveniles contra el Gobierno de Albania en Tirana en octubre de 2026
Protestas contra el Gobierno albanés en Tirana, 18 de octubre de 2026. Fotografía: Vyolltsa / Wikimedia Commons. Licencia CC0 1.0, dominio público. Ver fotografía original.

Albania se ha convertido en uno de los principales escenarios de la nueva oleada de protestas juveniles que atraviesa Europa. Miles de estudiantes y jóvenes han salido a las calles para denunciar la corrupción, las deficiencias del sistema educativo, el encarecimiento de la vida y la falta de oportunidades laborales.

Las movilizaciones comenzaron meses atrás con las protestas contra un proyecto turístico de lujo vinculado al empresario Jared Kushner, yerno de Donald Trump, en una zona natural protegida. Aquellas concentraciones dieron lugar a un movimiento más amplio, conocido como la Revolución de los Flamencos, que terminó incorporando reivindicaciones contra el Gobierno del primer ministro Edi Rama.

La situación se agravó el 13 de octubre, cuando estudiantes universitarios y de enseñanza secundaria comenzaron nuevas protestas por el aumento de los costes educativos y el deterioro de las instalaciones académicas.

Las reivindicaciones iniciales se extendieron rápidamente hacia la corrupción institucional, el desempleo juvenil, los elevados alquileres y las dificultades para desarrollar un proyecto de vida en el país.

Los manifestantes exigen la dimisión de Edi Rama, al frente del Gobierno desde 2013, y una transformación de las instituciones políticas.

Durante las últimas semanas, las concentraciones se han convertido en uno de los desafíos más importantes para el Ejecutivo. El 14 de octubre se registraron incendios en edificios gubernamentales y entidades bancarias, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y numerosas detenciones.

La policía respondió con gases lacrimógenos, cañones de agua y proyectiles de goma. También se registraron ataques contra agentes, daños en edificios públicos y establecimientos privados.

Según un análisis publicado el 22 de octubre por el Centro de Estudios Orientales de Varsovia (OSW), alrededor de un millar de manifestantes habían sido detenidos o arrestados durante la escalada del conflicto y al menos 388 personas afrontaban procedimientos penales.

El sábado 24 de octubre, miles de personas regresaron a las calles de Tirana, donde volvieron a producirse enfrentamientos con la policía. El Gobierno mantiene su negativa a dimitir y acusa a sectores radicales de provocar los disturbios.

La movilización albanesa presenta una característica significativa: una parte de la juventud cuestiona tanto al Gobierno como a la oposición tradicional, a la que responsabiliza de perpetuar un sistema político marcado, según los manifestantes, por el clientelismo y la corrupción.

Las protestas reflejan un malestar que trasciende las universidades. El elevado coste de la vivienda, los bajos salarios y la emigración juvenil se han convertido en síntomas de una crisis de oportunidades que afecta al futuro de las nuevas generaciones.

Albania demuestra cómo una protesta nacida de reivindicaciones ambientales y educativas puede transformarse en un movimiento nacional que cuestione al conjunto del sistema político.

Serbia: de las protestas contra la corrupción a disputar el poder en las urnas

Manifestación contra la corrupción en Belgrado durante enero de 2025
Manifestación contra la corrupción en Belgrado, Serbia, 24 de enero de 2025. Fotografía: Emilija Knezevic / Wikimedia Commons. Licencia CC BY 4.0. Ver fotografía original y licencia.

Serbia representa uno de los ejemplos más relevantes de cómo un movimiento estudiantil puede evolucionar desde la protesta social hasta convertirse en una alternativa política con posibilidades de disputar el Gobierno.

Las movilizaciones comenzaron después de que el 1 de noviembre de 2024 se derrumbara una marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad, causando la muerte de 16 personas.

La tragedia desencadenó una oleada de indignación por las sospechas de corrupción, negligencia y falta de transparencia en las obras públicas.

Los estudiantes comenzaron a organizar concentraciones, bloqueos universitarios y manifestaciones para exigir responsabilidades políticas y judiciales. A sus reivindicaciones se sumaron profesores, trabajadores y amplios sectores de la sociedad civil.

El movimiento terminó convirtiéndose en una protesta nacional contra el Partido Progresista Serbio (SNS), que domina la política del país desde 2012, y contra el liderazgo de Aleksandar Vucic.

Durante casi dos años, las movilizaciones han reclamado transparencia institucional, independencia judicial, lucha contra la corrupción y garantías democráticas.

Una de las características del movimiento ha sido su capacidad para mantener la organización mediante asambleas universitarias, marchas entre ciudades y redes de solidaridad ciudadana.

Pero el movimiento ha dado un paso más. Este 25 de octubre de 2026 se celebran elecciones parlamentarias anticipadas en las que la Lista de los Estudiantes disputa el poder al partido gobernante.

La candidatura estudiantil está integrada principalmente por profesionales independientes y representantes de la sociedad civil. Su programa incluye medidas contra el nepotismo y la corrupción, mejoras educativas y propuestas para facilitar el acceso de la juventud a la vivienda.

El 22 de octubre, alrededor de 150.000 personas se concentraron en Belgrado en apoyo de la candidatura estudiantil, según la agencia AFP, en uno de los principales actos de la campaña electoral.

La organización del movimiento ha permitido transformar una movilización contra la corrupción en una candidatura que representa el mayor desafío político para el partido de Vucic en años.

El Gobierno defiende su gestión económica, las inversiones realizadas en infraestructuras y la mejora de las pensiones y salarios públicos. Por su parte, las organizaciones estudiantiles y sectores de la oposición denuncian irregularidades electorales, presiones contra activistas y falta de independencia institucional.

La evolución de Serbia introduce una diferencia respecto a otros movimientos juveniles internacionales: las protestas no se han limitado a exigir reformas desde las calles, sino que han dado lugar a una alternativa que busca acceder directamente a las instituciones.

Lo que comenzó con una exigencia de responsabilidades por una tragedia ferroviaria ha terminado convirtiéndose en una disputa electoral por el futuro político de Serbia.

Marruecos: una juventud que cuestiona dónde se invierte el dinero público

Manifestación juvenil del movimiento GenZ 212 en Rabat, Marruecos
Movilización del movimiento GenZ 212 en Rabat, 9 de octubre de 2025. Fotografía: Mounir Neddi / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen original y licencia.

En Marruecos, las movilizaciones juveniles de 2025 mostraron cómo el descontento por las condiciones de los servicios públicos puede transformarse en un conflicto político nacional.

El movimiento GenZ 212 surgió mediante plataformas digitales y redes sociales, con una estructura descentralizada que permitió convocar protestas en diferentes ciudades.

Entre las principales demandas figuraban las mejoras de la sanidad y la educación públicas, la lucha contra la corrupción y una distribución del gasto público que respondiera a las necesidades de la población.

Los manifestantes cuestionaron las inversiones vinculadas a grandes acontecimientos deportivos mientras denunciaban carencias en hospitales y centros educativos.

La cuestión presupuestaria se convirtió así en una reivindicación política: cómo se distribuyen los recursos del Estado y qué necesidades deben considerarse prioritarias.

La respuesta de las autoridades incluyó detenciones y procedimientos judiciales contra participantes en las movilizaciones.

La experiencia marroquí refleja, además, la capacidad de las redes sociales para convertir una reivindicación compartida por miles de jóvenes en un movimiento de alcance nacional.

Nepal: cuando la indignación juvenil provoca la caída de un Gobierno

Manifestantes del movimiento Generación Z en Nepal en septiembre de 2025
Participantes en las protestas juveniles de Nepal, septiembre de 2025. Fotografía: हिमाल सुवेदी / Wikimedia Commons. Fotografía original y condiciones de reutilización.

En septiembre de 2025, Nepal vivió una de las expresiones más intensas de esta oleada de movilizaciones juveniles.

Las restricciones gubernamentales sobre determinadas redes sociales actuaron como detonante de unas protestas que rápidamente incorporaron denuncias contra la corrupción y los privilegios de las élites políticas.

La movilización estuvo acompañada de graves enfrentamientos, numerosas víctimas y una respuesta policial que provocó una crisis de legitimidad institucional.

La presión de las protestas terminó provocando la salida del Gobierno del primer ministro K. P. Sharma Oli.

Sin embargo, el cambio político no resolvió inmediatamente las reivindicaciones que habían llevado a los jóvenes a las calles.

En septiembre de 2026, coincidiendo con el primer aniversario de aquellas movilizaciones, participantes y familiares de las víctimas volvieron a reclamar justicia y reformas políticas.

Nepal demuestra que una generación organizada puede provocar transformaciones institucionales de gran alcance, pero también que la caída de un Gobierno no garantiza por sí sola la desaparición de los problemas sociales que desencadenaron la protesta.

Madagascar: las protestas por agua y electricidad que provocaron una crisis política

Protestas de la Generación Z en Antananarivo, Madagascar, septiembre de 2025
Protestas en Antananarivo, Madagascar, 25 de septiembre de 2025. Fotografía: Gen Z Madagasikara / Wikimedia Commons, CC BY 4.0. Imagen original y licencia.

En Madagascar, las movilizaciones juveniles comenzaron con demandas relacionadas con dos necesidades esenciales: el suministro de agua y el acceso a la electricidad.

Los cortes de suministro y las dificultades cotidianas de una parte de la población se combinaron con las denuncias de corrupción y mala gestión gubernamental.

Las protestas, impulsadas en parte por colectivos vinculados al movimiento Gen Z Mada, fueron aumentando su alcance hasta desembocar en una crisis política de grandes dimensiones.

El movimiento contribuyó a alterar el equilibrio de poder y a desencadenar cambios institucionales durante octubre de 2025.

La experiencia malgache evidencia cómo las deficiencias de servicios básicos pueden convertirse en una cuestión política de primer orden cuando la población pierde la confianza en la capacidad de las instituciones para resolverlas.

Frente a las movilizaciones francesas, centradas inicialmente en la educación, en Madagascar el acceso al agua y a la electricidad se convirtió en un símbolo de unas necesidades sociales que los manifestantes consideraban desatendidas.

España: la crisis de la vivienda llena las plazas de tiendas de campaña y desemboca en una huelga general

Acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol de Madrid en octubre de 2026
Acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol de Madrid, 11 de octubre de 2026. Fotografía: Barcex / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen original y licencia.

En España, uno de los principales motores del descontento social es la crisis de acceso a la vivienda. Los precios del alquiler, las dificultades para comprar una primera residencia, los desahucios y la falta de vivienda asequible han situado este problema en el centro de las reivindicaciones de miles de personas.

Las protestas ya no se limitan a manifestaciones puntuales. Durante las últimas semanas se han instalado acampadas en distintas ciudades españolas, convirtiendo plazas y espacios públicos en lugares de organización y denuncia.

La movilización comenzó a adquirir una nueva dimensión el 26 de septiembre, cuando una concentración convocada por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid dio paso a una acampada en la Puerta del Sol.

La protesta se extendió posteriormente a otras ciudades. Se han documentado acampadas en Barcelona, Valencia, Zaragoza, Sevilla y Santiago de Compostela, además de otras localidades donde los colectivos sociales organizaron concentraciones, asambleas y movilizaciones contra la crisis habitacional.

En la capital madrileña, la Puerta del Sol se ha convertido en uno de los principales símbolos del movimiento. Las tiendas de campaña, las pancartas y las asambleas reflejan el rechazo a un mercado inmobiliario que, según las organizaciones convocantes, impide acceder a una vivienda digna incluso a personas con empleo.

En Barcelona, las protestas se han concentrado también en la plaza de Catalunya, mientras que Valencia y otras ciudades han desarrollado sus propias acampadas y movilizaciones.

Según un seguimiento publicado por Asamblea por la Vivienda, hasta el 21 de octubre se habían registrado acampadas en 21 ciudades desde el inicio de la movilización. Ese recuento incluía concentraciones ya levantadas, otras activas y algunas cuya continuidad no estaba confirmada, por lo que no significa que las 21 permanecieran instaladas simultáneamente.

Trabajar ya no garantiza poder independizarse

Los datos del Consejo de la Juventud de España permiten entender el alcance del problema.

El Observatorio de Emancipación publicado en mayo de 2026 situó la tasa de emancipación juvenil en el 14,5 %, el nivel más bajo registrado en su serie histórica.

La edad estimada de emancipación alcanzó los 30,2 años, mientras que el precio medio de un alquiler completo ascendió a 1.176 euros mensuales, una cantidad equivalente al 98,7 % del salario medio de una persona joven.

La crisis de emancipación juvenil en España

14,5 %

Tasa de emancipación juvenil.

30,2 años

Edad estimada para independizarse.

1.176 €

Precio medio mensual del alquiler de una vivienda completa.

Porcentaje del salario juvenil medio equivalente al alquiler medio:

98,7 %

Fuente: Consejo de la Juventud de España, Observatorio de Emancipación publicado en mayo de 2026. Comparación de promedios nacionales.

La consecuencia es que disponer de un salario ya no garantiza la posibilidad de abandonar el hogar familiar. Para buena parte de la juventud, vivir de manera independiente exige compartir vivienda, recibir ayuda económica de familiares o dedicar una parte desproporcionada de sus ingresos al alojamiento.

El problema tampoco afecta exclusivamente a los jóvenes. Familias trabajadoras, pensionistas y personas con ingresos reducidos afrontan dificultades crecientes para permanecer en sus barrios y mantener sus viviendas.

Las organizaciones de inquilinas denuncian que el incremento de los alquileres, la concentración de propiedades y las operaciones especulativas agravan las desigualdades y aumentan el riesgo de desplazamiento residencial.

El 11 de noviembre, huelga general por el derecho a la vivienda

Las movilizaciones han desembocado en una convocatoria de huelga general de 24 horas para el miércoles 11 de noviembre de 2026.

CCOO, UGT, CGT, CNT, Co.Bas, la Confederación Intersindical, Solidaridad Obrera, la Unión de Actores y Actrices y la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, entre otras organizaciones, formalizaron la convocatoria ante el Ministerio de Trabajo el 19 de octubre.

La huelga busca reclamar medidas contra la especulación inmobiliaria, alquileres asequibles y garantías frente a los desahucios, además de mejoras salariales y laborales que permitan afrontar el coste de la vivienda.

Sus promotores vinculan el problema habitacional con el mercado laboral. Defienden que no puede hablarse de condiciones de trabajo dignas cuando el salario resulta insuficiente para pagar una vivienda y cubrir las necesidades esenciales.

La convocatoria también plantea reivindicaciones relacionadas con la negociación colectiva, el poder adquisitivo, la reducción de la jornada y la protección social.

El respaldo de organizaciones sindicales y movimientos de inquilinas representa un paso importante en la conexión entre la lucha por el derecho a la vivienda y las reivindicaciones tradicionales del movimiento obrero.

El 11 de noviembre, sindicatos laborales y organizaciones de inquilinas han convocado una huelga general de 24 horas para reclamar vivienda asequible, salarios dignos y medidas contra la especulación.
Manifestación en Madrid con una pancarta reclamando huelga general por el derecho a la vivienda
Manifestación por la vivienda en Madrid, 8 de octubre de 2026, con una pancarta que reclama la huelga general. Fotografía: Barcex / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Fotografía original y licencia.

La huelga llegará después de semanas de acampadas, asambleas y manifestaciones que han situado el derecho a la vivienda en el centro de la actualidad política española.

Las organizaciones convocantes pretenden que la jornada del 11 de noviembre traslade el conflicto desde las plazas y las calles hasta los centros de trabajo, reforzando la presión social para lograr cambios en las políticas de vivienda.

La principal incógnita será el seguimiento que alcance la convocatoria y su capacidad para traducirse en compromisos concretos por parte de las administraciones.

Portugal: las acampadas por la vivienda llegan a Lisboa y Oporto y desatan una ola de protestas

Protesta por la vivienda en la plaza del Rossio de Lisboa, octubre de 2026
Protesta por el derecho a la vivienda en la plaza del Rossio, Lisboa, 18 de octubre de 2026. Fotografía: Afonso Dimas Martins / Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 4.0. Ver fotografía original y condiciones de uso .

Portugal se ha sumado a la ola de movilizaciones por el derecho a la vivienda que recorre Europa. Durante octubre de 2026, miles de personas han participado en manifestaciones y acampadas en Lisboa, Oporto y otras ciudades para denunciar el encarecimiento de los alquileres, los salarios insuficientes y las dificultades para acceder a una vivienda digna.

Las protestas comenzaron a adquirir mayor intensidad el 10 de octubre en Oporto, donde los manifestantes instalaron tiendas de campaña en la plaza Dom João I. Una semana después, el movimiento llegó con fuerza a Lisboa, donde cientos de personas ocuparon la plaza del Rossio tras una manifestación multitudinaria.

Las imágenes de las tiendas de campaña en el centro de la capital portuguesa recuerdan a las acampadas organizadas en la Puerta del Sol de Madrid. Ambos movimientos comparten reivindicaciones relacionadas con el acceso a la vivienda, la regulación de los alquileres y la protección frente a los desahucios.

La vivienda, un derecho cada vez más difícil de ejercer

Portugal atraviesa una grave crisis habitacional. Según Reuters, los precios de compra de las viviendas se han más que duplicado desde 2017, mientras que los alquileres de los nuevos contratos prácticamente se han duplicado.

El Banco de Portugal estima que existe un déficit de unas 300.000 viviendas, una situación que afecta especialmente a las grandes ciudades y a las personas jóvenes.

El encarecimiento del mercado inmobiliario se ha convertido en una barrera para la emancipación y ha aumentado la presión económica sobre numerosos hogares.

Las organizaciones sociales denuncian que el crecimiento del turismo, la inversión inmobiliaria y los bajos salarios contribuyen a dificultar el acceso a una vivienda asequible, especialmente en Lisboa y Oporto.

Las movilizaciones también se dirigen contra una propuesta legislativa del Gobierno portugués que modificaría las normas del arrendamiento urbano y facilitaría determinados procedimientos de desahucio.

El texto fue aprobado en primera lectura parlamentaria el 30 de septiembre, con el apoyo del PSD, Iniciativa Liberal y CDS-PP, la abstención de Chega y el rechazo de los partidos de izquierda. El proyecto continúa su tramitación parlamentaria.

Los colectivos de vivienda reclaman limitar los alquileres, incrementar el parque público residencial, recuperar inmuebles vacíos y evitar desahucios de personas que carezcan de una alternativa habitacional.

Desalojos, detenciones y nuevas movilizaciones

La respuesta policial ha incrementado la tensión. El 20 de octubre, las autoridades portuguesas desmontaron acampadas en Lisboa y Oporto y practicaron 55 detenciones, según informó Reuters.

Sin embargo, las concentraciones continuaron y los manifestantes volvieron a instalar tiendas de campaña.

El sábado 24 de octubre se celebraron nuevas manifestaciones en diferentes ciudades portuguesas. En Lisboa, miles de personas recorrieron el centro de la capital antes de establecer otra acampada en la plaza del Rossio.

Durante la madrugada del domingo 25 de octubre, la policía volvió a intervenir para desalojar el campamento lisboeta. La operación terminó con 25 personas detenidas. En Oporto se produjo otro desalojo, con seis detenciones adicionales.

La policía comunicó siete heridos leves en ambas intervenciones, mientras que el movimiento Casa para Viver denunció una cifra de afectados considerablemente superior. Las autoridades defendieron la proporcionalidad de su actuación, cuestionada por las organizaciones convocantes.

Los movimientos sociales han anunciado nuevas protestas para exigir una respuesta política a la crisis de la vivienda.

España y Portugal: una movilización que cruza fronteras

Una de las características más relevantes de las protestas portuguesas es su conexión con las movilizaciones que se están desarrollando en España.

Activistas de ambos países han compartido formas de organización, reivindicaciones y propuestas para ampliar la respuesta social a la crisis de acceso a la vivienda.

Según publicó el diario brasileño Folha de S.Paulo el 25 de octubre, colectivos juveniles portugueses y españoles están intentando coordinar acciones en torno al próximo 11 de noviembre, fecha de la huelga general convocada en España por diferentes sindicatos y organizaciones de inquilinas.

No obstante, por el momento no está confirmada una huelga general conjunta en los dos países. La central sindical portuguesa CGTP no había formalizado su adhesión a esa convocatoria.

El movimiento portugués demuestra que la crisis de la vivienda no es exclusiva de España. Los problemas de alquiler, precariedad y acceso a una residencia estable se están convirtiendo en un eje de movilización compartido por diferentes sectores sociales de la península ibérica.

Las acampadas de Lisboa, Oporto y Madrid reflejan una misma preocupación: que trabajar y disponer de ingresos ya no garantice necesariamente el acceso a una vivienda digna.

¿Qué tienen en común las revueltas juveniles?

Las circunstancias de Francia, Italia, Nepal, Marruecos, Madagascar y España no son idénticas. Sus sistemas políticos, niveles de renta y problemas sociales presentan diferencias importantes.

Sin embargo, las protestas comparten determinados elementos que permiten comprender por qué una parte de las nuevas generaciones está protagonizando movilizaciones de gran alcance.

  • Defensa de los servicios públicos: educación, sanidad, agua y electricidad ocupan un lugar central en diferentes movimientos.
  • Inseguridad económica: salarios insuficientes, precariedad laboral y dificultades de acceso a la vivienda condicionan las perspectivas de futuro.
  • Desconfianza hacia las instituciones: parte de los manifestantes cuestiona que las prioridades políticas respondan a las necesidades sociales.
  • Nuevas formas de organización: las redes sociales permiten convocar movilizaciones de forma rápida y descentralizada.
  • Reclamaciones democráticas: en varios países también se exige combatir la corrupción y garantizar los derechos de manifestación y participación política.

Estas coincidencias no convierten a todos los movimientos en una organización mundial ni implican que compartan un mismo programa político. Pero muestran que determinados problemas económicos y sociales se están transformando en conflictos colectivos de gran visibilidad.

Las redes sociales han cambiado la forma de protestar

El uso de herramientas digitales ha permitido que movimientos nacidos en contextos diferentes compartan símbolos, mensajes y estrategias.

En Marruecos, las plataformas digitales fueron fundamentales para impulsar las primeras movilizaciones. En Nepal, las restricciones gubernamentales a las redes sociales contribuyeron a desencadenar la protesta.

La circulación de fotografías, vídeos y testimonios facilita que las convocatorias trasciendan los medios tradicionales y lleguen directamente a miles de personas.

Sin embargo, esta nueva forma de organización presenta dificultades. La ausencia de liderazgos definidos puede complicar las negociaciones, mientras que mantener una movilización prolongada exige recursos, estructuras colectivas y capacidad para alcanzar acuerdos.

En España, las asambleas de las acampadas y su conexión con los sindicatos laborales muestran cómo estas formas de protesta pueden combinar la movilización directa con organizaciones de mayor trayectoria.

Una cuestión política de fondo: quién decide las prioridades económicas

El crecimiento de estas movilizaciones plantea interrogantes sobre los modelos de desarrollo económico y sobre la capacidad de los Estados para garantizar derechos sociales.

En Francia e Italia, los manifestantes cuestionan determinadas decisiones presupuestarias mientras reclaman mayores inversiones educativas. En Marruecos, el conflicto ha girado alrededor de las carencias sanitarias y educativas frente a grandes proyectos de inversión.

En Madagascar, el acceso a servicios tan básicos como el agua y la electricidad desencadenó una crisis nacional. En Nepal, las denuncias de corrupción estuvieron en el centro de una movilización que terminó provocando una transformación política.

En España, la vivienda aparece como uno de los principales símbolos de las dificultades económicas de las nuevas generaciones.

Para una parte creciente de la sociedad, el problema no consiste exclusivamente en cuánto crece la economía, sino en cómo se distribuyen sus beneficios y qué posibilidades reales tienen los ciudadanos de acceder a los derechos fundamentales.

Las movilizaciones no demuestran que exista una única causa para todas las crisis ni que sus participantes defiendan necesariamente la misma alternativa económica. Sí muestran un cuestionamiento de las prioridades gubernamentales y una mayor disposición de distintos colectivos a organizarse para intentar cambiarlas.

Una generación que reclama decidir sobre su futuro

Las protestas que recorren distintos países no constituyen todavía un movimiento global unificado. No tienen una dirección común, un programa político único ni objetivos idénticos.

Pero su extensión permite observar un fenómeno relevante: los problemas que durante años se presentaron como dificultades individuales están dando lugar a respuestas colectivas.

En Francia, las reclamaciones educativas han desembocado en manifestaciones multitudinarias. En Nepal, la indignación contra la corrupción provocó la caída de un Gobierno. En Marruecos y Madagascar, las exigencias de servicios públicos desembocaron en amplias crisis políticas.

España vive su propia expresión de este descontento, con la vivienda como principal eje de movilización. Las acampadas y la huelga general del 11 de noviembre representan una nueva fase de un conflicto social que afecta directamente a las condiciones de vida de millones de personas.

Las diferencias entre estos movimientos son importantes, pero todos sitúan sobre la mesa preguntas que afectan a la democracia, la economía y la distribución de los recursos públicos.

El futuro de estas movilizaciones dependerá de su capacidad de organización, de las respuestas institucionales y de los cambios concretos que consigan impulsar.

La pregunta que dejan estas protestas no es únicamente cuánto tiempo continuarán las manifestaciones, sino si los gobiernos responderán a las demandas que las han provocado o si una generación que siente amenazado su futuro seguirá encontrando en las calles el principal espacio para hacerse escuchar.

Fuentes y documentación

Francia

Movilizaciones internacionales

España: vivienda y huelga general

Fuentes adicionales: Albania y Serbia

Fuentes: protestas por la vivienda en Portugal

Las fotografías reproducidas proceden de Wikimedia Commons. Cada imagen incluye su autoría, fecha, enlace al archivo original y referencia a su licencia. Los datos y acontecimientos descritos corresponden a la información disponible hasta el 25 de octubre de 2026.

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