Reseña literaria
El nuevo libro de Sergio Gregori, con prólogo de Willy Toledo y epílogo de Ayme Román, recorre el viaje político, ideológico y periodístico de una generación marcada por el 15M, la disputa mediática y las tensiones internas de la izquierda.
Salirse del tablero no es solo un libro sobre política. Es, sobre todo, una crónica de época. Sergio Gregori construye en estas páginas un relato en primera persona sobre una generación que creyó que podía cambiar el tablero político y mediático, intervenir en la historia y disputar el relato dominante desde posiciones de izquierda.
Una generación que nació políticamente al calor de la indignación, la movilización social y la promesa de que otra forma de hacer política y periodismo era posible.
Publicado por Ediciones B, el libro lleva un subtítulo que funciona casi como diagnóstico: Crónica de una generación que creyó cambiar la política y el periodismo (y acabó rota). En esa frase se resume buena parte de su fuerza. Gregori no escribe desde la distancia fría del analista externo, sino desde dentro de los procesos que narra.
Lo hace como periodista, como productor audiovisual, como fundador de Furor TV y como alguien que participó directamente en algunos de los proyectos mediáticos vinculados a la izquierda transformadora de los últimos años.
Una crónica política, mediática y generacional
La obra recorre escenarios políticos e ideológicos muy distintos: la Marinaleda autogestionada, Cuba bajo el bloqueo, la memoria de la URSS y la RDA, Venezuela, la guerra de Ucrania, la OTAN y, finalmente, las entrañas del proyecto mediático que quiso convertirse en referencia para una parte de la izquierda española.
Pero el hilo conductor no es solo geopolítico. El verdadero centro del libro está en una pregunta incómoda: qué ocurre cuando quienes quieren cambiar las reglas terminan reproduciendo algunas de las lógicas que decían combatir.
“El libro no se limita a señalar a los adversarios externos de la izquierda. También pone el foco en sus contradicciones internas.”
Willy Toledo y Ayme Román: dos miradas que enmarcan el relato
El prólogo de Willy Toledo sitúa el libro en una tradición de compromiso político y cultural que no separa la comunicación de la lucha ideológica. Toledo aparece como una voz que subraya la importancia de los medios propios, de la disputa del relato y de la necesidad de que la izquierda no entregue el terreno comunicativo a quienes concentran poder económico, político y mediático.
El epílogo de Ayme Román aporta otra capa al libro: la del acompañamiento, la mirada situada y la dimensión humana de una historia atravesada por conflictos personales, políticos y laborales.
Porque Salirse del tablero no habla únicamente de ideas, partidos o medios de comunicación. Habla también de desgaste, de rupturas, de militancia, de vínculos, de decepciones y de la dificultad de sostener proyectos colectivos cuando las tensiones internas se vuelven insoportables.
Las contradicciones de la izquierda bajo la lupa
Uno de los valores de la obra está en que no se limita a señalar a los adversarios externos. Gregori pone el foco también en las contradicciones internas de la izquierda: la tendencia a la fragmentación, las disputas por el control del relato, la confusión entre proyecto colectivo y liderazgo personal, y la dificultad para construir medios verdaderamente independientes cuando la política institucional intenta marcar los tiempos.
En ese sentido, el libro funciona como una advertencia. No basta con tener razón frente al adversario. No basta con denunciar a los grandes poderes mediáticos. No basta con construir un medio propio si después se reproducen dinámicas verticales, silencios incómodos o mecanismos de exclusión hacia quienes discrepan.
La crítica de Gregori apunta precisamente ahí: a la necesidad de que la izquierda sea capaz de corregirse a sí misma si no quiere acabar devorada por sus propias inercias.
Un libro incómodo
Salirse del tablero puede leerse como testimonio generacional, como memoria política reciente y también como ajuste de cuentas con una época. Pero su interés va más allá del conflicto concreto que atraviesa algunas de sus páginas.
El libro invita a pensar sobre el papel del periodismo en tiempos de polarización, sobre la precariedad en los proyectos alternativos, sobre el poder de los liderazgos y sobre la fragilidad de quienes intentan levantar medios independientes sin grandes estructuras detrás.
La reseña no estaría completa sin señalar que estamos ante un libro incómodo. Incómodo para quienes prefieren relatos cerrados, épicos y sin fisuras. Incómodo para quienes solo aceptan la crítica cuando va dirigida hacia fuera. E incómodo también para una izquierda que, demasiadas veces, ha tenido más facilidad para detectar las contradicciones del adversario que para mirar las propias.
Mirar los errores para no repetirlos
La fuerza de Salirse del tablero está precisamente en esa incomodidad. Sergio Gregori no propone una renuncia a la política ni una retirada hacia el cinismo. Al contrario: el libro parece escrito desde la necesidad de recuperar una política capaz de mirar de frente sus errores para no repetirlos.
Una política que no confunda lealtad con silencio. Una política que entienda que disputar el tablero no significa aceptar todas sus reglas.
En tiempos de ruido, bloques cerrados y trincheras mediáticas, Salirse del tablero abre una conversación necesaria: qué queda de aquella generación que quiso cambiarlo todo, qué se rompió por el camino y qué habría que reconstruir para que la esperanza no vuelva a convertirse en frustración.

