Foto: DimiTalen / Wikimedia Commons — Licencia CC0 1.0.
El Partido del Trabajo de Bélgica ha pasado de ocupar un espacio marginal a convertirse en la cuarta fuerza federal y en el partido con mayor intención de voto en la capital. Su avance se apoya en un programa centrado en los salarios, las pensiones, la vivienda, la sanidad y la fiscalidad sobre las grandes fortunas, pero también en una organización militante construida durante décadas. Su crecimiento refleja la recomposición de la izquierda belga, aunque no permite hablar todavía de un giro general del país.
En el corazón institucional de la Unión Europea está creciendo una fuerza política poco habitual en el panorama continental. El Partido del Trabajo de Bélgica, conocido como PTB en francés y PVDA en neerlandés, obtuvo dos diputados federales en 2014, elevó su representación a doce en 2019 y alcanzó quince escaños en 2024. Dos años después, las encuestas lo sitúan como primera fuerza en Bruselas, con alrededor de una cuarta parte de los votos.
La progresión ha despertado interés fuera de Bélgica porque se produce en un momento de retroceso o estancamiento de otras organizaciones de la izquierda radical europea. También porque el PTB-PVDA crece en un país profundamente dividido por las identidades lingüísticas y regionales, donde casi todos los partidos se han separado en organizaciones flamencas y francófonas. El Partido del Trabajo es una de las pocas fuerzas con una estructura común en Flandes, Valonia y Bruselas.
Un mismo partido para las tres Bélgicas
Para entender su evolución es necesario mirar primero la singularidad del sistema belga. El país está compuesto por tres regiones con amplias competencias: Flandes, de mayoría neerlandófona; Valonia, principalmente francófona; y la región bilingüe de Bruselas-Capital. Las antiguas familias políticas nacionales —socialistas, liberales, democristianos y ecologistas— acabaron dividiéndose en partidos diferentes según la comunidad lingüística.
En el espacio socialista, el PS actúa principalmente en Valonia y entre los francófonos de Bruselas, mientras Vooruit representa a la socialdemocracia flamenca. El PTB-PVDA, en cambio, mantiene una sola dirección, un único programa y una identidad común. Su denominación cambia con el idioma, pero no se trata de dos partidos aliados: es la misma organización.
Esa condición nacional forma parte de su discurso político. Frente a los proyectos nacionalistas flamencos de la N-VA y Vlaams Belang, el Partido del Trabajo defiende la unidad federal de Bélgica y presenta los intereses de clase como un vínculo compartido entre trabajadores flamencos, valones y bruselenses. La estrategia le permite intervenir en las tres regiones, aunque sus resultados siguen siendo muy distintos en cada una de ellas.
De las movilizaciones estudiantiles al nacimiento de AMADA
Los orígenes del partido se sitúan en las movilizaciones estudiantiles de finales de los años sesenta. En la Universidad Católica de Lovaina surgió un sector influido por el tercermundismo, el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Zedong. Una parte de aquellos estudiantes defendía que la militancia debía abandonar el aislamiento universitario, incorporarse a los centros de trabajo y participar directamente en las luchas obreras.
En 1968 crearon la Studenten Vakbeweging, una organización estudiantil que estableció relaciones con trabajadores de fábricas, minas y puertos. Algunos de sus integrantes participaron posteriormente en las huelgas de los mineros de Limburgo y de los estibadores de Amberes. De esa experiencia nació en 1970 AMADA, siglas de Alle Macht Aan De Arbeiders, que puede traducirse como «Todo el poder a los trabajadores». En 1974 apareció su equivalente francófono, TPO.
AMADA-TPO se definía entonces como una organización comunista en construcción. Su orientación era abiertamente maoísta, defendía la Revolución Cultural china y aspiraba a consolidar cuadros militantes en los principales centros industriales. En 1979, después de casi una década de actividad, el movimiento se convirtió formalmente en el Partido del Trabajo de Bélgica.
Durante los años ochenta y noventa, sin embargo, el partido permaneció en los márgenes electorales. La desaparición o transformación de buena parte de las organizaciones maoístas europeas, el debilitamiento del movimiento obrero industrial y el avance del neoliberalismo redujeron su espacio político. El PTB-PVDA sobrevivió gracias a una estructura militante muy disciplinada, pero durante años no logró traducir esa presencia en representación parlamentaria.
La crisis de 2003 y la refundación que cambió al partido
El punto de inflexión llegó tras las elecciones de 2003. Una alianza electoral denominada Resist, impulsada en Amberes junto a la Liga Árabe Europea, no produjo el resultado esperado y abrió una crisis interna. El partido tuvo que decidir si continuaba funcionando como una organización ideológica cerrada o si adaptaba su lenguaje y sus métodos para llegar a sectores sociales más amplios.
La renovación quedó consolidada en su octavo congreso, celebrado en 2008. Bajo el liderazgo de Peter Mertens, el PTB-PVDA simplificó su comunicación y comenzó a concentrar su actividad pública en problemas cotidianos: el precio de la energía, los salarios, las pensiones, la movilidad, los residuos urbanos, la sanidad o los privilegios de los cargos políticos. El objetivo socialista no desapareció de sus documentos, pero dejó de ocupar el primer plano de cada mensaje.
La organización también estudió la experiencia del Partido Socialista de los Países Bajos, que había conseguido ampliar su base electoral mediante campañas locales, una fuerte presencia comunitaria y un discurso social directo. El PTB adoptó parte de esos métodos sin abandonar su estructura centralizada ni su identidad marxista. La fórmula combinaba principios ideológicos, trabajo territorial y una comunicación diseñada para ser comprendida fuera de los círculos militantes.
Una organización que trabaja también fuera de las elecciones
La transformación electoral no se limitó a un cambio de imagen. El PTB-PVDA construyó una red de organizaciones sociales, juveniles, culturales y sanitarias que mantiene actividad entre una convocatoria electoral y otra. El ejemplo más conocido es Medicina para el Pueblo, una red de centros que ofrece atención primaria y que vincula los problemas sanitarios con las condiciones laborales, la vivienda o los ingresos.
Alrededor del partido funcionan también organizaciones juveniles como RedFox y Comac, espacios culturales, publicaciones, campañas de solidaridad internacional y el encuentro anual ManiFiesta. A ello se suma su presencia en huelgas, manifestaciones y determinados sectores sindicales. El modelo recuerda a las antiguas organizaciones de integración social de los movimientos obreros europeos, pero utiliza al mismo tiempo herramientas digitales y campañas intensivas en redes sociales.
El crecimiento de su afiliación muestra el alcance de esa estrategia. Según los datos recopilados por el investigador Pascal Delwit, el partido pasó de 1.354 miembros en 2003 a 9.692 en 2014 y 23.609 en 2021. No todos tienen el mismo grado de implicación: la organización diferencia entre afiliados de apoyo, miembros de grupos de base y militantes con responsabilidades más amplias. Esa estructura le permite combinar una base extensa con un núcleo activista estable.
Los cargos públicos y los dirigentes también están sujetos a normas económicas internas. Una parte de sus ingresos se destina al partido y sus representantes sostienen que deben vivir con una remuneración próxima a la de un trabajador cualificado. Esta práctica refuerza el mensaje contra los privilegios políticos, uno de los elementos más reconocibles de su discurso.
De dos diputados a la consolidación federal
La primera gran ruptura electoral se produjo en 2014, cuando el PTB-PVDA consiguió entrar en la Cámara de Representantes con dos diputados. Hasta entonces había logrado algunos concejales y presencia local, pero no formaba parte del mapa político federal. La llegada al Parlamento le proporcionó mayor visibilidad, recursos públicos y capacidad para intervenir en los principales asuntos nacionales.
El salto de 2019 fue mucho mayor. El partido pasó de dos a doce diputados federales y entró también en el Parlamento flamenco, donde obtuvo cuatro representantes. En Bruselas y Valonia reforzó su presencia regional. Bélgica contempló aquel año un avance simultáneo de dos fuerzas situadas en extremos opuestos: Vlaams Belang por la derecha nacionalista y el PTB-PVDA por la izquierda.
Las investigaciones sobre comportamiento electoral detectaron que la desconfianza hacia la política institucional y la insatisfacción con el funcionamiento de la democracia eran factores relevantes entre los votantes de ambos partidos. Sin embargo, sus bases ideológicas se diferenciaban claramente. En el caso del PVDA flamenco tenían un peso importante la redistribución económica y una posición menos favorable a exigir la asimilación cultural de la población migrante. En Valonia, el voto al PTB compartía posiciones económicas con el electorado socialista, pero expresaba una protesta más intensa frente a los partidos tradicionales.
Las elecciones de 2024: avance del PTB, pero victoria del bloque de derechas
En las elecciones federales del 9 de junio de 2024, el Partido del Trabajo obtuvo 688.369 votos, el 9,86 % del total, y alcanzó quince de los 150 escaños de la Cámara. Fue la cuarta candidatura más votada del país, por detrás de la N-VA, Vlaams Belang y el liberal Movimiento Reformador. Superó en votos por separado tanto al PS francófono como a Vooruit, aunque el sistema territorial y la distribución por circunscripciones dejaron al PS con un diputado más.
El resultado confirmó su expansión en Flandes. En el colegio neerlandófono de las elecciones europeas, el PVDA pasó del 4,9 % de 2019 al 8,1 % y consiguió por primera vez un eurodiputado flamenco. En la circunscripción de Amberes, uno de los principales centros industriales del país, el partido obtuvo más del 10 % en las elecciones federales, con resultados todavía mayores en la propia ciudad.
En Bruselas, el PTB-PVDA logró importantes avances en los barrios populares y consiguió dieciséis representantes en el Parlamento regional —quince francófonos y uno neerlandófono—. En las elecciones municipales celebradas meses después amplió su presencia local y entró en el gobierno del municipio bruselense de Forest mediante un acuerdo con el Partido Socialista y Ecolo. En la localidad flamenca de Zelzate ya acumulaba experiencia de gobierno junto a los socialistas.
Sin embargo, las elecciones de 2024 no supusieron un desplazamiento general de Bélgica hacia la izquierda. Los ecologistas Ecolo y Groen sufrieron retrocesos significativos, la derecha liberal avanzó en Valonia y los nacionalistas de la N-VA y Vlaams Belang mantuvieron una posición dominante en Flandes. El nuevo Gobierno federal terminó encabezado en febrero de 2025 por Bart De Wever, líder de la N-VA y primer nacionalista flamenco que alcanza la jefatura del Ejecutivo belga.
El Gobierno de De Wever abre un nuevo espacio para la oposición social
La coalición federal está formada por la N-VA, el liberal MR, los centristas de Les Engagés, los democristianos flamencos y Vooruit. Este último es el único partido socialdemócrata dentro de una mayoría dirigida por fuerzas conservadoras, liberales y centristas. Su participación permite al PTB-PVDA presentarse como la principal oposición parlamentaria de izquierdas sin responsabilidades en la aplicación del programa gubernamental.
El Ejecutivo ha impulsado reformas del mercado laboral, las pensiones y el desempleo, una política migratoria más restrictiva y un aumento del gasto militar. Los sindicatos han respondido con huelgas y manifestaciones que han afectado al transporte, los aeropuertos, la enseñanza y otros servicios. Estas movilizaciones no pueden identificarse automáticamente con el apoyo electoral al PTB, pero crean un contexto favorable para una fuerza cuya actividad se concentra precisamente en la defensa de las pensiones, los salarios y los derechos laborales.
La posición de Vooruit resulta especialmente relevante. La socialdemocracia flamenca consiguió crecer en 2024, pero ahora debe defender su presencia en una coalición dirigida por Bart De Wever. El PTB-PVDA utiliza esa contradicción para diferenciarse: sostiene que las políticas sociales no pueden protegerse desde un gobierno que limita derechos laborales y reduce determinadas prestaciones. Esta disputa marcará buena parte de la competencia por el voto de izquierdas en Flandes.
Las encuestas de 2026: primera fuerza en Bruselas, pero tres realidades diferentes
La encuesta de Ipsos realizada entre el 1 y el 9 de junio de 2026 confirma el avance, aunque también muestra sus límites territoriales. En Bruselas, el PTB-PVDA aparece en primera posición con aproximadamente el 25 % de los votos. El Partido Socialista se queda en el 18,4 % y el liberal MR en torno al 14 %. Si esos datos se trasladaran a unas elecciones, el Partido del Trabajo pasaría de ser una fuerza ascendente a ocupar el centro de la política bruselense.
La situación es diferente en Valonia. Allí, el PS recupera el primer puesto con un 29 %, mientras Les Engagés y el MR rondan el 20 % cada uno. El PTB obtendría un 16,8 %, un resultado claramente superior al de las elecciones regionales de 2024, pero insuficiente para desplazar a la socialdemocracia tradicional. En esta región, el Partido del Trabajo se consolida como una alternativa relevante por la izquierda, aunque el PS conserva una extensa implantación municipal, sindical e institucional.
En Flandes, el PVDA alcanzaría el 10,1 %. La cifra confirma que ya no es una fuerza testimonial, pero queda lejos de Vlaams Belang, con el 26,6 %, y de la N-VA, con el 22,3 %. Entre ambos, los dos grandes partidos nacionalistas de derechas concentran cerca de la mitad de la intención de voto. El crecimiento del PVDA en ciudades como Amberes o Gante convive, por tanto, con un mapa flamenco que continúa orientado mayoritariamente hacia la derecha.
Radiografía electoral del PTB-PVDA
- 2014: 2 diputados federales.
- 2019: 12 diputados federales.
- 2024: 15 diputados, 688.369 votos y un 9,86 %.
- Bruselas en 2026: alrededor del 25 %, primera fuerza en las encuestas.
- Valonia en 2026: 16,8 %, todavía por detrás del PS.
- Flandes en 2026: 10,1 %, lejos de Vlaams Belang y la N-VA.
Las causas de su crecimiento
El avance del PTB-PVDA no responde a un único factor. El primero es la continuidad de su mensaje económico. Mientras otros partidos han modificado prioridades o han participado en coaliciones muy diferentes, el Partido del Trabajo lleva años concentrándose en el poder adquisitivo, la fiscalidad, los salarios, las pensiones, la vivienda y la sanidad. Son cuestiones que afectan tanto a las familias con menores ingresos como a sectores amplios de las clases trabajadoras y medias.
El segundo elemento es su posición contra el establishment. El partido contrapone a la población trabajadora con las grandes fortunas, las multinacionales y una clase política que, según su discurso, mantiene privilegios alejados de las condiciones de vida de la mayoría. Las investigaciones académicas sobre las elecciones de 2019 indican que la desconfianza política desempeña un papel especialmente importante cuando un elector elige al PTB en lugar del PS o al PVDA frente a la socialdemocracia flamenca.
La tercera causa es el desgaste de los partidos tradicionales de izquierda. El PS ha gobernado durante décadas en diferentes niveles institucionales de Valonia y Bruselas. Vooruit forma parte actualmente del Ejecutivo de De Wever. Los ecologistas también han asumido responsabilidades gubernamentales y sufrieron un fuerte retroceso en 2024. El PTB-PVDA puede dirigirse a sus antiguos votantes sin cargar con el coste de haber aplicado recortes, pactado con fuerzas conservadoras o incumplido promesas de reforma fiscal.
El cuarto factor es la organización. En una época en la que muchos partidos dependen casi exclusivamente de campañas electorales y redes sociales, el PTB combina la comunicación digital con grupos locales, afiliación, centros médicos, movimientos juveniles y presencia en conflictos laborales. Esa infraestructura produce candidatos, cuadros políticos y redes comunitarias. También permite mantener el contacto con barrios y centros de trabajo cuando no hay elecciones.
Por último, está el liderazgo. Peter Mertens dirigió la renovación estratégica iniciada en la década de 2000. Desde diciembre de 2021 ocupa la secretaría general, mientras Raoul Hedebouw ejerce la presidencia y representa la cara más conocida del partido. Hedebouw, bilingüe y con un estilo comunicativo directo, puede intervenir tanto en medios francófonos como flamencos. Esa capacidad resulta especialmente valiosa en un sistema político fragmentado por el idioma.
Qué propone el Partido del Trabajo
El programa presentado para las elecciones de 2024 se articuló alrededor de cuatro grandes ejes: fiscalidad justa, protección del poder adquisitivo, política climática social y lucha contra los privilegios políticos. Entre sus principales medidas figuraba un impuesto del 2 % sobre los patrimonios netos superiores a cinco millones de euros y del 3 % para las fortunas de más de diez millones. Según los cálculos del propio partido, la medida afectaría al 1 % más rico.
El PTB-PVDA defiende también elevar los salarios y las pensiones mínimas, proteger la indexación automática de los ingresos frente a la inflación, reducir el precio de la energía, reforzar la sanidad pública y ampliar el transporte colectivo. En política climática, rechaza que la transición se financie mediante impuestos que recaigan de forma desproporcionada sobre los hogares y reclama obligaciones más estrictas para las grandes empresas contaminantes.
En el ámbito laboral se opone a la flexibilización de horarios, al retraso de la jubilación y a los mecanismos que penalicen las carreras profesionales incompletas. Su actividad parlamentaria y social durante 2025 y 2026 se ha centrado en combatir las reformas del Gobierno de De Wever, a las que atribuye un traslado del coste del ajuste presupuestario hacia trabajadores, pensionistas y personas desempleadas.
Los límites y contradicciones de su avance
El crecimiento electoral no elimina los obstáculos. El primero es territorial: ser primera fuerza en una encuesta de Bruselas no equivale a disponer de una mayoría nacional. Flandes concentra alrededor del 60 % de la población belga y allí el PVDA continúa muy por debajo de los dos grandes partidos nacionalistas. Sin un avance mucho mayor en el norte del país, su capacidad para condicionar la formación de un Gobierno federal seguirá siendo limitada.
El segundo problema es que una parte de sus votos procede de otras fuerzas de izquierda. En Flandes ha atraído a antiguos electores de Vooruit y Groen; en Valonia y Bruselas compite principalmente con el PS y Ecolo. Esta transferencia puede cambiar la correlación interna del bloque progresista sin aumentar su tamaño total. Las elecciones de 2024 mostraron precisamente esa combinación: el PTB avanzó, pero el conjunto del país terminó con un Gobierno federal dirigido por la derecha nacionalista.
El tercer límite es su acceso al gobierno. La mayoría de los partidos belgas rechaza por ahora una coalición federal con el PTB-PVDA, y el propio Partido del Trabajo ha sido históricamente reacio a participar en ejecutivos si no existe un acuerdo suficientemente amplio sobre su programa. Las experiencias municipales de Zelzate y Forest permiten observar cómo gestiona responsabilidades concretas, pero todavía están lejos de constituir una prueba de gobierno regional o nacional.
También existen críticas sobre su funcionamiento interno. Los estudios académicos describen al PTB-PVDA como una organización muy centralizada, basada en el centralismo democrático y con menos capacidad formal de decisión para la afiliación que otros partidos europeos. La dirección sostiene que esta disciplina garantiza coherencia y evita la fragmentación, pero el modelo plantea interrogantes sobre el pluralismo interno a medida que aumenta su número de votantes y representantes.
La política internacional es otro punto de fricción. El partido se opone a la OTAN, al incremento del gasto militar y al envío de armamento a Ucrania. Condena la invasión rusa, pero defiende negociaciones de paz y atribuye también responsabilidades a la expansión de la Alianza Atlántica. Estas posiciones lo enfrentan con el resto de las fuerzas parlamentarias y dificultan posibles acuerdos con socialistas y ecologistas partidarios de mantener la ayuda militar a Kiev.
Una recomposición de la izquierda, no un giro completo de Bélgica
El avance del PTB-PVDA es uno de los fenómenos más relevantes de la política belga contemporánea. En poco más de una década ha pasado de la marginalidad parlamentaria a competir por la primera posición en la capital, consolidarse en las zonas obreras de Valonia y superar el 10 % en una parte creciente de Flandes. Ha logrado ese progreso sin abandonar su identidad socialista y mediante una combinación de organización territorial, campañas sociales, liderazgo reconocible y mensajes económicos concretos.
Pero los datos no permiten presentar a Bélgica como un país que esté girando en bloque hacia la izquierda. Mientras el PTB-PVDA lidera las encuestas de Bruselas y el PS recupera posiciones en Valonia, Vlaams Belang y la N-VA concentran cerca de la mitad del voto flamenco. El Gobierno federal continúa dirigido por Bart De Wever y desarrolla un programa de reformas laborales, restricciones migratorias, ajuste presupuestario y aumento del gasto militar.
Lo que está ocurriendo es una doble polarización. En Flandes crecen o mantienen su fuerza las opciones nacionalistas de derechas, mientras el PVDA trata de construir una alternativa basada en la unidad de la clase trabajadora. En Bruselas y Valonia, el PTB compite con una socialdemocracia que durante décadas ocupó casi en solitario el espacio de la izquierda. El resultado de esa disputa dependerá de si el Partido del Trabajo logra ampliar su apoyo sin limitarse a trasladar votos desde otras fuerzas progresistas y de si puede convertir su capacidad de protesta en una opción creíble de gobierno.
Su historia demuestra, en cualquier caso, que el crecimiento no es el resultado de una campaña puntual. Detrás de los quince diputados y de las encuestas de 2026 hay más de medio siglo de transformaciones: desde los estudiantes maoístas que acudieron a las fábricas a finales de los sesenta hasta una organización nacional presente en parlamentos, ayuntamientos, huelgas, barrios y redes sociales. El PTB-PVDA ya no es una nota al margen de la política belga. La cuestión abierta es hasta dónde puede avanzar y qué efecto tendrá su consolidación sobre el futuro de la izquierda europea.
Fuentes consultadas
- Unión Interparlamentaria: resultados de las elecciones federales belgas de 2024.
- Pascal Delwit: historia, transformación y organización del PTB-PVDA.
- KU Leuven, Universidad de Gante y ULB: estudio sobre el electorado del PTB-PVDA y Vlaams Belang.
- Le Grand Continent: análisis de las elecciones federales y regionales de 2024.
- Ipsos/PolitPro: encuesta de junio de 2026 en Bruselas.
- Ipsos/PolitPro: encuesta de junio de 2026 en Valonia.
- Ipsos/PolitPro: encuesta de junio de 2026 en Flandes.
- Reuters: programa del Gobierno federal encabezado por Bart De Wever.
- The Brussels Times: entrada del PTB-PVDA en el gobierno municipal de Forest.
- PTB-PVDA: programa electoral y propuestas presentadas por el propio partido.
- Bertelsmann Stiftung: electorado belga, guerra de Ucrania y posición del PTB-PVDA.

