Manuel Delgado analiza cómo el capitalismo se apropia de las ciudades en su nuevo libro

El antropólogo Manuel Delgado publica con Capitán Swing Todas las ciudades están poseídas, un ensayo en el que analiza cómo el urbanismo, la turistificación y determinados discursos sobre el espacio público pueden convertirse en herramientas para ordenar la ciudad al servicio de intereses económicos y limitar la vida urbana.

El antropólogo Manuel Delgado vuelve a situar la ciudad en el centro de su análisis en Todas las ciudades están poseídas. Repertorios morales para la apropiación capitalista de los espacios urbanos, su nuevo ensayo publicado por Capitán Swing.

La obra, de 388 páginas y prevista para llegar a las librerías durante el mes de septiembre, reúne buena parte de las tesis desarrolladas por Delgado durante más de dos décadas de investigación sobre urbanismo, antropología, conflicto urbano y apropiación de los espacios públicos.

El punto de partida del libro cuestiona una determinada forma de entender las transformaciones urbanas: aquella que presenta las grandes operaciones sobre las ciudades como procesos técnicos, inevitables o beneficiosos para toda la población, mientras deja en un segundo plano sus consecuencias sociales y económicas.

«Una cosa es el espacio público, una invención que queda muy bien, y otra es la calle, una realidad».

— Manuel Delgado

Las ciudades como recursos económicos

Delgado sostiene que las ciudades contemporáneas son tratadas cada vez más como recursos económicos. En ese proceso, las administraciones públicas, las consultoras y las empresas participan en la construcción de una ciudad diseñada para atraer inversiones, consumidores y visitantes.

Frente a ese modelo aparece la ciudad realmente existente: la de quienes viven, trabajan, se relacionan, protestan o simplemente utilizan diariamente sus calles.

En el planteamiento desarrollado por el autor, el neoliberalismo necesita producir constantemente espacios controlados y desiguales, mientras la privatización y la mercantilización van modificando el territorio y las relaciones que se producen dentro de él.

La ciudad planificada frente a la ciudad real

Uno de los principales ejes de Todas las ciudades están poseídas es la tensión entre la ciudad diseñada desde arriba y la ciudad construida cotidianamente por quienes la habitan.

Delgado recupera ideas planteadas anteriormente por autores como Jane Jacobs y Henri Lefebvre para cuestionar un urbanismo que pretende ordenar una realidad que, por definición, es compleja, cambiante y difícil de controlar.

Según el análisis recogido en el libro, determinadas intervenciones urbanísticas pueden ignorar las formas de vida que ya existen en los barrios y transformar profundamente los espacios urbanos sin comprender las relaciones sociales que se desarrollan en ellos.

Delgado habla de un urbanismo presentado como técnico y aséptico que puede terminar interviniendo de manera agresiva sobre la sociedad urbana real.

Planificar la ciudad no significa controlar la vida urbana

El antropólogo no plantea una oposición a la planificación urbana. Su crítica se dirige hacia el intento de planificar también “lo urbano”: las relaciones sociales, los usos espontáneos de las calles y todos aquellos comportamientos que escapan a lo previamente diseñado.

Delgado defiende que las ciudades deben contar con proyectos capaces de garantizar el bienestar de quienes viven o transitan por ellas, así como su acceso a los recursos básicos, situando de manera especial el derecho a la vivienda.

El problema aparece cuando los planes urbanísticos se convierten en instrumentos de dominación política o de obtención de beneficios empresariales.

La moral como justificación del urbanismo

Una de las particularidades del ensayo es su análisis de las conexiones entre urbanismo y religión.

Delgado estudia cómo determinadas transformaciones urbanas han sido históricamente justificadas mediante valores presentados como incuestionables. Conceptos asociados a lo bueno, lo moderno, lo limpio, lo seguro o lo deseable pueden convertirse así en argumentos para legitimar intervenciones sobre el territorio.

El autor denomina a este proceso una especie de “misión exorcística del diseño urbano”: la pretensión de eliminar aquello considerado desordenado, imprevisible o conflictivo para construir una ciudad aparentemente perfecta.

Detrás de esa legitimación pueden encontrarse, según el ensayo, dinámicas de mercantilización del espacio, segregación social y desigualdad.

Turistificación, centros históricos y “ciudades creativas”

Todas las ciudades están poseídas aborda diferentes procesos que durante las últimas décadas han transformado numerosas ciudades.

Entre ellos aparecen la llamada “redención cultural”, el “embellecimiento estratégico”, las “ciudades creativas”, la transformación de los centros históricos, la turistificación y la construcción contemporánea del concepto de espacio público.

El análisis de Delgado se centra en cómo conceptos aparentemente positivos pueden servir para legitimar operaciones que terminan modificando profundamente los usos de los barrios, su memoria y la vida social de sus habitantes.

Las “ciudades sin ciudad”

La turistificación ocupa también un espacio destacado dentro del ensayo.

Delgado utiliza la expresión “ciudades sin ciudad” para analizar las dinámicas mediante las cuales determinados espacios urbanos terminan siendo apropiados por una economía orientada prioritariamente hacia el turismo.

Su análisis no sitúa el foco sobre el turista individual, sino sobre las estructuras políticas y económicas que permiten transformar partes de las ciudades en productos destinados fundamentalmente al consumo.

La calle frente al “espacio público”

Otro de los conceptos cuestionados por Delgado es el de “espacio público”.

El antropólogo analiza cómo su incorporación al lenguaje político y urbanístico puede presentarlo como un concepto neutral y universal, cuando detrás de determinadas formas de organizar ese espacio existen decisiones políticas y económicas.

Frente al concepto institucionalizado de espacio público, Delgado reivindica la calle como lugar de vida, encuentro, conflicto y relaciones imprevisibles.

Precisamente esa incapacidad para controlar completamente lo que ocurre en las calles explicaría, según el autor, cierta obsesión de gobernantes y urbanistas por ordenar y regular la ciudad.

Una crítica que también alcanza a la izquierda

El ensayo no limita su crítica a los gobiernos o proyectos tradicionalmente identificados con políticas neoliberales.

Delgado aborda también lo que denomina “capitalismo de izquierdas”, referido a movimientos políticos que llegaron a las instituciones defendiendo formas alternativas de planificación urbana pero que terminaron reproduciendo, según su análisis, procesos capitalistas y desiguales.

El autor emplea también el concepto de “ciudadanismo” para analizar determinados discursos progresistas que habrían incorporado un lenguaje transformador a políticas que, en la práctica, continuaban favoreciendo la mercantilización de las ciudades.

Delgado cuestiona que conceptos como sostenibilidad, cultura, patrimonio, participación o civismo puedan utilizarse como justificación automática de cualquier transformación urbana.

Un urbanismo para el bien común

Delgado insiste en que su planteamiento no supone rechazar la planificación de las ciudades.

Defiende, por el contrario, un urbanismo que coloque el bien común en el centro, garantizando el bienestar de las personas que viven o recorren las ciudades y asegurando su acceso a recursos fundamentales.

Su crítica se dirige al uso de la planificación para someter la vida urbana a intereses privados y para intentar construir una ciudad completamente previsible y libre de conflicto.

Para el antropólogo, la ciudad es precisamente lo contrario: un organismo complejo, contradictorio, cambiante y vivo.

Manuel Delgado, décadas estudiando el conflicto urbano

Manuel Delgado es catedrático emérito de la Universitat de Barcelona. Desde 1986 fue profesor de antropología religiosa y antropología urbana en el Departament d’Antropologia Social.

También estudió en la Séction des Sciences Religieuses de l’École Pratique des Hautes Études de la Sorbona de París y fundó el Grup de Recerca en Exclusió i Control Socials (GRECS) de la Universitat de Barcelona.

Forma parte además del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) y del colectivo investigador Cultura popular i conflicte.

Entre sus obras se encuentran Ciudad líquida, ciudad interrumpida (1999), El animal público, Premio Anagrama de Ensayo en 1999, Disoluciones urbanas (2002), Sociedades movedizas (2007), La ciudad mentirosa (2008), El espacio público como ideología (2011), Ciudadanismo (2016), Márgenes y umbrales de la ciudad capitalista (2022, junto a Núria Benach) y Movilidades desbordadas (2025, con Roger Sansi).

En 2026, coincidiendo con su jubilación académica, publica con Capitán Swing Todas las ciudades están poseídas.

¿Para quién se transforma la ciudad?

Todas las ciudades están poseídas plantea una cuestión que recorre buena parte del trabajo de Manuel Delgado: quién decide cómo debe ser una ciudad y para quién se producen sus transformaciones.

Una reflexión que atraviesa asuntos como la vivienda, la turistificación, la privatización del espacio, la transformación de los barrios y las grandes operaciones urbanísticas que continúan modificando las ciudades contemporáneas.

Ficha del libro

Título: Todas las ciudades están poseídas
Subtítulo: Repertorios morales para la apropiación capitalista de los espacios urbanos
Autor: Manuel Delgado
Editorial: Capitán Swing
Páginas: 388
Formato: 140 x 220 mm
Precio: 22,50 euros
ISBN: 979-13-992300-9-3
Publicación: septiembre de 2026

Fuente: dosier de prensa de Capitán Swing.

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