ITT Gambia: cooperación desde el terreno y con la comunidad como eje
Eva y Roberto, vecinos de Torrejón, explican el trabajo de una ONG que apuesta por la educación, la participación local y una cooperación alejada del paternalismo.
En un momento en el que los modelos de cooperación internacional están en revisión, la experiencia de Eva y Roberto, impulsores de la ONG ITT Gambia, pone el foco en el trabajo desde el terreno y en la implicación directa de las comunidades locales.
Su historia comienza en 2005, casi por casualidad. “Fuimos por un viaje muy barato y nos enamoramos de la gente”, recuerdan. Aquel primer contacto con Gambia marcó el inicio de una relación sostenida en el tiempo. Volvieron año tras año, acompañados por su guía y amigo Abdullahi Yalo, con quien comenzaron a conocer de cerca las necesidades reales de la población.
“Siempre hablábamos mucho con la gente local. No llegábamos con ideas, escuchábamos lo que hacía falta”.
Ese proceso derivó en la creación de una pequeña ONG impulsada por un grupo de personas de distintos puntos de España, con un primer objetivo claro: construir una escuela en una zona rural donde no existía acceso cercano a la educación.
“Había niños y niñas que tenían que caminar cinco o siete kilómetros para poder ir al colegio”, señalan. Sin embargo, con el paso de los años, el proyecto fue perdiendo apoyos hasta quedar reducido a un pequeño equipo. “En cooperación pasa mucho, la gente cambia de vida, tiene hijos, otros proyectos… y nos quedamos prácticamente solos”.
El punto de inflexión llegó cuando un antiguo compañero de trabajo de Roberto decidió implicarse. “Había estado en Gambia, conocía a la gente y los proyectos. Nos dijo que quería ayudarnos de verdad”. De esa colaboración surgió un modelo que les permite trabajar desde el país sin depender de las donaciones para su sustento.
“Era importante mantener una idea muy clara: el cien por cien de lo que dona la gente tiene que llegar al proyecto”, subrayan. Desde 2019, ambos viven de forma permanente en Gambia.
Educación para evitar el abandono
El principal ámbito de actuación de ITT Gambia es la infancia. Actualmente gestionan dos escuelas en zonas rurales con cerca de 360 menores de entre 2 y 8 años.
El objetivo es cubrir un vacío estructural del sistema educativo. “En Gambia la escolarización obligatoria empieza a los siete años y en inglés. Imagínate sentar a un niño que nunca ha ido al colegio durante cuatro horas en una silla, escuchando un idioma que no entiende”, explican.
Según detallan, esta situación generaba tasas de abandono muy elevadas. “Hace años el abandono rondaba cifras altísimas, era una barbaridad”. Para evitarlo, sus centros ofrecen una educación previa adaptada, acompañada de comedor escolar y cobertura sanitaria.
“No solo damos educación, también aseguramos que los niños coman y que cualquier problema de salud esté cubierto”.
Imágenes de las escuelas impulsadas por ITT Gambia en zonas rurales.
Aprender a cooperar de otra manera
La experiencia acumulada les ha llevado a replantear su forma de intervenir. “Al principio también cometimos errores”, reconocen. “Te das cuenta de que no tiene sentido llegar, montar algo y marcharte”.
Actualmente, su enfoque pasa por apoyar iniciativas locales ya existentes. “¿Para qué voy a crear yo un proyecto nuevo si ya hay gente aquí haciéndolo y, además, lo hacen mejor porque conocen su realidad?”, plantean.
En este sentido, trabajan con asociaciones vinculadas al medio ambiente, al deporte o al desarrollo comunitario. “Nos adaptamos a lo que necesitan: visibilidad, una web, ayuda para conseguir financiación… lo que haga falta”.
Uno de los aspectos que destacan es el papel de la mujer. “La mujer es el motor de Gambia. Hay mujeres con ideas increíbles y una capacidad de trabajo brutal”.
Sin paternalismo y con participación real
Uno de los pilares de ITT Gambia es la implicación directa de la población local. Todo el equipo está formado mayoritariamente por personas del país.
“Nosotros no sabemos más que ellos. Yo sé mucho de mi barrio, pero me sacas de ahí y me pierdo. Imagínate en Gambia”.
Critican abiertamente los modelos tradicionales de cooperación. “Se ha trabajado mucho desde el paternalismo, desde el ‘pobrecitos’. Y eso no funciona”. Frente a eso, defienden una cooperación basada en la igualdad.
“No venimos a dar nada, venimos a trabajar con ellos”, afirman. Esa participación es clave en todas las fases de los proyectos. “Si haces algo y ellos no son parte, no lo van a sentir suyo. Nos pasó al principio, pensaban que la escuela era ‘de los blancos’ y no la mantenían”.
El aprendizaje ha sido progresivo. “Nos ha costado años entenderlo y también que ellos lo entendieran, pero ahora trabajamos de forma horizontal. Desde la persona que cocina hasta el director, todas las voces cuentan igual”.
Proyectos que miran al futuro
La sostenibilidad es otro de los ejes del trabajo. “No tiene sentido que dependan siempre de nosotros”, explican. Por eso impulsan iniciativas que puedan mantenerse de forma autónoma.
Entre ellas destacan proyectos de reciclaje de plástico que generan empleo. “Hay un chico que recoge plástico de la playa, lo transforma en muebles y los vende. Con eso vive y crea puestos de trabajo”.
También colaboran con iniciativas agrícolas o deportivas que permiten financiar actividades educativas. “Son pequeños ejemplos que funcionan y que pueden crecer”.
En el ámbito educativo, donde la autosuficiencia es más compleja, buscan alternativas. “Estamos construyendo un pequeño alojamiento en uno de los pueblos. La idea es que genere ingresos para el colegio y que sea gestionado por la propia comunidad”.
La burocracia, el otro desafío
El trabajo diario también pasa por enfrentarse a un sistema administrativo complejo. “Cualquier trámite cuesta muchísimo tiempo. Mucha paciencia, muchas visitas”, explican.
“Para abrir una cuenta bancaria tardamos quince días. Para pagar la seguridad social tienes que ir en persona y en efectivo. Todo el país funciona así”, detallan.
Aun así, insisten en la importancia de cumplir con todos los procesos. “Hay una idea equivocada de que en estos países todo vale. No es así. Hay normas y hay que respetarlas”.
Torrejón, punto de partida y de retorno
Aunque su vida está en Gambia, mantienen una conexión constante con Torrejón de Ardoz. “Somos de aquí de toda la vida”, recuerdan.
Durante sus estancias en España realizan actividades de sensibilización. “Nos gusta contar la parte positiva de África. Para lo negativo ya está la televisión”.
Uno de los próximos eventos será el 22 de mayo en el colegio Andrés Segovia, donde alumnado y familias organizarán un festival solidario. “Ellos mismos han decidido ayudar a amueblar unas aulas nuevas. Es su proyecto y lo han hecho suyo”.
Festival solidario en Torrejón
El próximo 22 de mayo, el colegio Andrés Segovia acogerá un festival y mercadillo solidario abierto a todo el mundo. La recaudación irá destinada a equipar nuevas aulas en una de las escuelas de ITT Gambia.
Viajar para entender
La ONG también organiza viajes abiertos a cualquier persona interesada en conocer el país desde dentro. “No es voluntariado, es una experiencia”, explican.
“No hace falta saber nada. Si sabes pintar, pintas. Si no, pelas patatas. Lo importante es convivir y entender el país”.
El objetivo es claro: “Queremos que la gente conozca el Gambia del que nosotros nos enamoramos”.

