Bombero forestal de Madrid: «Lo que no se gestiona en 50 años, el fuego lo gestiona en una tarde»

Fotografía: David Cantalapiedra

Los últimos incendios registrados en la Comunidad de Madrid han vuelto a mostrar la dureza de un fuego que ya no afecta únicamente al monte, sino también a viviendas, explotaciones y pueblos enteros. Un bombero forestal con 22 campañas de experiencia en el Servicio de Prevención y Extinción de Incendios analiza para Contraplano la situación del dispositivo, las condiciones laborales del colectivo y el impacto del cambio climático. También reclama más prevención, bases seguras y una política forestal que mire más allá de una legislatura.

Bomberos forestales de la Comunidad de Madrid
Fotografía facilitada a Contraplano para esta entrevista.

¿Cómo ha vivido desde dentro los últimos incendios registrados en la región?

Los últimos incendios en la Comunidad de Madrid, que han batido el récord histórico de hectáreas quemadas, han sido duros en lo físico, pero también en la parte emocional y en la gestión de esas emociones.

Los bomberos forestales somos gente muy vinculada al territorio. Trabajo en la zona de los incendios de Ávila, en uno de los municipios más afectados, y tengo multitud de compañeros, no solamente de mi base, sino también de las de los pueblos de alrededor, que han visto cómo sus pueblos, las tierras y las fincas de sus familiares, e incluso viviendas, han sido arrasados.

Eso conlleva una carga emocional enorme. Aun así, hay multitud de ejemplos de profesionalidad: compañeros que han sabido abstraerse de esa magnitud emocional y se han comportado como auténticos profesionales.

«Los bomberos forestales somos gente muy vinculada al territorio».

¿Es cierto que hubo bomberos forestales de servicio que no pudieron intervenir por falta de órdenes, vehículos o herramientas?

En estas emergencias se produce una multiemergencia, porque ya no se trata solamente del incendio forestal en sí. También están las evacuaciones y los incendios en la interfaz urbano-forestal, en los que se ven afectadas viviendas, estructuras y naves industriales. Todo esto es un auténtico caos.

Es verdad que muchas veces los bomberos forestales tenemos la sensación de que, en ocasiones, no estamos haciendo un trabajo efectivo por el cuello de botella que se produce en los puestos de mando. Llega demasiada información y hay momentos en los que la saturación es muy grande y hace que el puesto de mando entre parcialmente en colapso.

Trabajo de los bomberos forestales durante una intervención
Fotografía facilitada a Contraplano para esta entrevista.

La Comunidad de Madrid ha acusado a parte de la plantilla de «chantaje». ¿Qué responde ante estas declaraciones?

La Comunidad de Madrid ha acusado de chantaje a una parte del dispositivo de incendios forestales. Son los PIF, personal laboral de la Comunidad de Madrid, un colectivo de unos 60 trabajadores que está en la Dirección General de Emergencias sin ser activado para intervenir en los incendios.

No corresponde al colectivo que yo represento, que es el de los bomberos forestales de la Comunidad de Madrid contratados a través de TRAGSA. Nosotros trabajamos doce meses al año, haciendo prevención de incendios en invierno y labores de extinción en verano.

Estos profesionales de los PIF trabajan solamente seis meses al año en la extinción. Como compañeros bomberos forestales, deseamos que tengan una negociación con la Comunidad de Madrid y que alcancen una solución al conflicto.

Nosotros entendemos que hablar de chantaje aquí no sirve. Llevan mucho tiempo avisando de que necesitan mejoras y el reconocimiento de su categoría, y en eso siempre los vamos a apoyar.

¿Su contrato y su categoría profesional se corresponden con las funciones que desempeña durante un incendio?

Nuestro contrato y nuestra categoría profesional ahora mismo sí se corresponden con las funciones que desempeñamos durante un incendio.

Gracias a la presión, a la organización y a la lucha de los trabajadores, en noviembre de 2024 se aprobó la Ley básica de Bomberos Forestales. Conseguimos que se hiciese efectiva en la Comunidad de Madrid para los bomberos forestales contratados a través de TRAGSA y que se nos reconociera esa categoría profesional a partir del 1 de enero de 2026.

Es una victoria de los trabajadores y así tiene que ser entendida por el resto de la sociedad. Hoy por hoy somos bomberos forestales de pleno derecho.

«Hoy por hoy somos bomberos forestales de pleno derecho».

¿Cuáles son actualmente las principales carencias de personal, equipos de protección e instalaciones?

En cuanto al personal, es verdad que hemos visto aumentado el número de trabajadores durante los meses de invierno, haciendo hincapié en la prevención, que es tan importante o incluso más que la extinción. Hemos pasado de unos 330 trabajadores en la época invernal a ser 419 durante todo el año.

Pero también es verdad que antes teníamos un refuerzo en verano con el que llegábamos a los 550 efectivos y ahora somos 419 durante todo el año. Hay más gente en invierno, pero menos gente en verano.

Respecto a la protección y las bases, tenemos una carencia enorme, puesto que no cumplen la normativa de prevención de riesgos laborales en cuanto a agentes cancerígenos. Necesitamos que estas bases cumplan la normativa para que los trabajadores estemos protegidos frente a enfermedades muy graves como el cáncer.

Necesitamos que las bases dispongan de un circuito limpio-sucio en el que nos podamos descontaminar sin necesidad de pasar por donde preparamos la comida. Hay que habilitar una zona en cada base para que, cuando lleguemos de una intervención, podamos descontaminarnos antes de entrar en el resto de las instalaciones.

Bomberos forestales trabajando sobre el terreno
Fotografía facilitada a Contraplano para esta entrevista.

¿Cómo afectan la temporalidad y las condiciones laborales a la prevención de incendios durante todo el año?

La temporalidad es una lacra que ha tenido siempre este oficio. Por suerte, como he comentado antes, ya hemos conseguido alcanzar un acuerdo.

Convocamos la huelga indefinida el 15 de julio de 2025 y, después de prácticamente un año de movilización y dos meses de negociación, se llegó a un preacuerdo a finales de abril.

Uno de los puntos más importantes de ese preacuerdo es que todo el personal permanezca activo durante todo el año. Es decir, 419 bomberos y bomberas forestales vamos a trabajar y a realizar labores de prevención durante los doce meses.

La Ley básica de Bomberos Forestales debía mejorar el reconocimiento y la protección del colectivo. ¿Qué aspectos siguen sin aplicarse en la Comunidad de Madrid?

Hemos negociado y parte del preacuerdo para desconvocar la huelga es que se reconozcan ciertos pluses de singularidad, donde el esfuerzo físico y la morbilidad vienen reconocidos.

Pero, aun así, queda trabajo por hacer. Como recoge la Ley básica de Bomberos Forestales, debe existir una segunda actividad para las personas que, debido a su edad o a unas condiciones físicas sobrevenidas —puesto que es un trabajo muy duro y con muchas enfermedades profesionales—, no puedan estar en primera línea de fuego.

Necesitamos que haya una segunda actividad para que estos profesionales puedan seguir dedicándose a su oficio, ya no en primera línea, sino en otro tipo de puesto dentro del dispositivo, adaptando los puestos de trabajo a sus condiciones sobrevenidas.

Desde su experiencia sobre el terreno, ¿cómo está afectando el cambio climático a los incendios forestales y qué respondería a quienes niegan su impacto?

En cuanto a cómo está afectando el cambio climático a los incendios forestales, es algo que no se puede negar. Cualquier persona que mire los datos, tanto de las temperaturas como de las olas de calor —que cada vez son más largas, más intensas y numerosas—, puede comprobarlo.

Sin ir más lejos, en 2026 hemos tenido temperaturas superiores a los 30 grados a finales de abril y durante mayo, cuando antes eran habituales a partir de julio.

Por lo tanto, el verano se adelanta un mes y pico y tenemos montes más preparados para arder porque sufren estrés hídrico, están desecados y los combustibles —el pasto y la madera muerta— presentan una humedad relativa muy baja.

Esto se agrava porque el uso de los montes ha cambiado muchísimo durante los últimos 50 años debido al éxodo rural. Se va acumulando mucha biomasa que no es gestionada, y lo que el ser humano no gestiona en 50 años, el fuego se encarga de gestionarlo en una tarde.

Tenemos un cóctel explosivo entre el cambio climático y el cambio de uso de los montes. Eso provoca incendios muy virulentos y muy difíciles de extinguir.

A la gente que niega el cambio climático, si se trata de personas que directamente no hacen nada por informarse, la compararía con los terraplanistas. Son personas que niegan la evidencia científica, viven en una ilusión propia de lo que es la vida y mantienen ideas preconcebidas que les interesa tener, aunque no sé muy bien por qué razón.

Negar lo evidente, lo que llevamos décadas sufriendo y que ya es un consenso dentro de la comunidad científica, es de ser un magufo. Es situarse a la altura de los terraplanistas, de la gente de los chemtrails y de quienes buscan culpables fáciles y respuestas sencillas, sin tener que pensar mucho más allá ni buscar soluciones más complejas.

Tenemos este problema encima y ha venido para quedarse, ya no solo en forma de incendios forestales, sino también de danas, Filomenas y otros fenómenos extremos.

«Lo que el ser humano no gestiona en 50 años, el fuego se encarga de gestionarlo en una tarde».
Dispositivo de prevención y extinción de incendios forestales
Fotografía facilitada a Contraplano para esta entrevista.

¿Qué medidas debería adoptar urgentemente la Comunidad de Madrid para mejorar el dispositivo y garantizar la seguridad de los trabajadores y de la población?

La Comunidad de Madrid, como el resto de comunidades del Estado español, tiene que adoptar urgentemente medidas con una perspectiva de 20, 40 o 50 años. No se pueden desarrollar políticas cortoplacistas pensadas únicamente para cuatro años.

Hay que cambiar el uso de los montes y procurar que en las zonas quemadas crezcan bosques mixtos, donde exista ganadería extensiva, no solo de vacas, sino también de cabras y ovejas.

Hay que apostar por la prevención y conseguir que los bomberos forestales trabajen durante todo el año y en mayor número, para poder tratar más hectáreas durante el invierno.

Las labores preventivas son muy importantes porque preparan el monte y retiran biomasa. Durante el invierno se realizan quemas controladas y estos trabajos nos permiten generar zonas de oportunidad para atacar los incendios del verano con mayor seguridad para los equipos de extinción.

Y es evidente que todo esto redundaría en una mayor protección de la población, de los propios trabajadores dedicados a la extinción de incendios forestales y de nuestro patrimonio natural.

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