Jaime Posada: cocinar contra el hambre y acompañar frente al miedo en Ceuta

Fotografía: Estela de Castro

Jaime Posada en Ceuta: cocinar contra el hambre, acompañar frente al miedo

CONTRAPLANO · TESTIMONIOS

Jaime Posada viajó a Ceuta para colaborar en una cocina solidaria. En su testimonio relata la preparación y el reparto de comida, el encuentro con menores que vivían escondidos y una noche de incendio en la que ayudó a evacuar a familias y a atender a personas afectadas por el humo.

El viaje empezó con una pregunta a una amiga: si hacía lo correcto al implicarse, teniendo un negocio y responsabilidades con otras personas. Según cuenta Jaime, la respuesta le ayudó a dar el paso. Junto a sus compañeros llevó alimentos y se incorporó al trabajo de NoNameKitchen, donde las jornadas transcurrían entre verduras, ollas, envases y repartos.

Desde esa cocina, su relato se adentra en los asentamientos y en las vidas de quienes los habitan. Habla de agradecimientos, de miedo, de insultos racistas y de una emergencia que terminó con varios traslados al hospital. También recoge denuncias sobre actuaciones policiales y militares y sobre el trato recibido en el centro sanitario, combinando lo que afirma haber presenciado con lo que le trasladaron otras personas.

Una escena atraviesa el escrito: Jaime cuenta que entregó sus zapatillas a una niña a la que estaban auxiliando. Más tarde, cuando otros chicos le ofrecieron sus chanclas, las rechazó porque consideraba que ellos las necesitaban más. En esos gestos sitúa el sentido de su viaje y de una solidaridad que también vincula a sus convicciones antiespecistas.

Publicamos a continuación el testimonio íntegro de Jaime Posada, conservando su redacción original. Las cifras, las valoraciones y las denuncias que contiene corresponden a su escrito y no han sido verificadas de forma independiente para esta publicación.

Ceuta. Fotografía de Estela de Castro.
Fotografía: Estela de Castro

El testimonio de Jaime Posada

Hace unos días, Fernando, me propuso estar 3 dias, 4 noches en Ceuta, tras la venida de un número indeterminado de personas, aproximadamente fueron unas 80.000 según autoridades (aunque no suelo hacer mucho caso a esos datos, por experiencia en manifestaciones y otros actos). Tenia ganas de conocer la realidad que se vivía allí, y sé que tras tan poco tiempo no iba a conocer todas las aristas de dicho suceso; pero si podría poner un grano de arena, que no cambiaria el mundo, pero si es un objetivo dentro de mi visión del mundo, basada en la empatía, en la solidaridad y equidad.  La mañana que saliamos, llamé a una amiga, que esta metida en el movimiento antiespecista y en el anticapitalista; le pregunté si hacía lo correcto. Teniendo un bar, teniendo un  proyecto meterme en un fregado donde sabía que podía lloverme mucho odio y atacar a la fuente de ingresos de más de 10 personas. Su respuesta fue contundente, ojalá otras personas con responsabilidades hicieran algo desde la empatía, Esta conversación me tranquilizó.  Fui a ver a mi persona preferida, mi pareja, para calmar los nervios, ella estaba trabajando.  Después llegar al local, el proveedor llegaba tarde, nos iba a donar producto para llevar, nos tenia que llegar refrigerado.  En cuanto llegó al coche, maletas encima y que sirvan de aislante.  Salimos, ya camino a Ceuta, pero primero Algeciras, en ese viaje hablamos entre todas, pues apenas nos conocíamos en el mejor de los casos teníamos un punto en común que es Fernando y su solidaridad. A Estela, la conocí, hace años en Vivotecnia, pero le perdí la pista aunque klaseguia en redes. Carlos, algo había oído de él, y visto en redes de sus viajes con Fer. Sergi, un descubrimiento, un chico callado, reservado, que descubrí que tenia caracter a lo largo del viaje.  Tras horas de cháchara en el coche, llegamos a Algeciras, de ahí a Ceuta en un ferry.  Llegada a Ceuta; enfrentar los prejuicios; lo llamo así, porque a pesar de hacer intervenciones sociales desde los 16 años, nunca hice una fuera de la península o donde vivia, Ceuta, es otra forma de ver la realidad; al principio, desde la mirada de alguien que viene de fuera, es una ciudad tranquila, que ves paseando gente sin problema por la calle, también es el puerto, sólo notamos mucha presencia policial y del ejercito; poco a poco, sales de esa zona de “calma” y vas por el marítimo del este, ves personas deambular, buscando en el marítimo, buscando un poco más de aislante para su “casa”, buscando donde dormir esa noche que sea “seguro”, aprendes que seguro no hay nada. Llegamos a donde iba a ser la cocina y descargamos la proteína que llevábamos, y ahora camino a donde ibamos a dormir, pero antes cena, la última cena antes de entrar en la cocina dos días.  Primer día, en la cocina, me levanté algo antes de lo deseado, cosa de los nervios; paseo por el marítimo, oeste; después volver al apartamento e ir a desayunar, la conclusión a la que llegamos, es “vamos a ver y en función a ello, planificamos”. Vamos a comprar la verdura encargada y tras perdernos en una ciudad laberíntica, donde el GPS no tiene señal ni ruta clara, llegamos, cargamos y salimos.  Llegada a NoNameKitchen, vamos a cocinar en una terraza, con unos toldos a distintas alturas, un compañero de Valencia se levanta y comienza a fregar los restos de haber cocinado el día anterior y que no habían podido limpiar. Decidimos dividirnos, por un lado comprar materiales y ver la zona, por otro equipo de limpieza de superficies y suelos. Cuando vuelve el equipo de compras ya habíamos empezado a cortar dentro de la zona entre cuatro paredes. Está en marcha, ya los fuegos empiezan a funcionar y yo en ellos, primero comienzo a trabajar en una mesa que en muchos casos habíamos montado a partir de cosas encontradas alli, con el tiempo se demostró cómodo, pero no útil. El menú estaba cerrado 1400 raciones de pasta con un sofrito con una carga de proteína alta gracias a la proteína que habíamos traído y a la soja texturizada que íbamos comprando (arrasando en supermercados) y 100 raciones de canelones con bechamel, sería lo primero en salir. Empezamos a tener contacto con personas que estaban en situación de vulnerabilidad, también con militares asomándose a las lomas que nos flanquean. Nos miran extrañados, somos nuevas en NoName; y Fernando y Estela empiezan a hacer visitas para el proyecto de Estela, que me encantó, dar cámaras desechables para ver la realidad en los campamentos de personas desplazadas por varios conflictos, a la vez que les hace una instantánea, la pone en un cuaderno, que vale oro, y les pide que escriban algo allí; auténticas joyas.  A los que estamos en la cocina nos hablan de la zona de el trampolín, que esta a apenas 2 km, miles de personas hacinadas junto a la desalinizadora; el Tarajal y las naves, centros donde se aglutinan familias,con muchos menores; también campamentos de mujeres, donde algún hombre hay, pero quien manda es ella, la chica de blanco.  Nosotras seguimos cortando, cocinando, sazonando y preparando pasta.  salen las primeras raciones, que van a ir al campamento de las mujeres, llevan 3 dias sin recibir ayuda. Cuando vuelven de alli, una realidad nos golpea, en forma de agradecimiento, Fer vuelve ya calmado tra llorar de emoción.  Seguimos cocinando, hasta bien entrada la noche, todo interrumpido con sirenas, de vez en cuando los militares desde las alturas; vemos algunos gatos en la distancia, aves.  En un momento llega Ale y su cámara, y graban con Fer, nosotras seguimos en la cocina a la que se unen ellas, con toda la fuerza de quien lleva dias haciendo guardias, grabando, pero con la ilusión de quien acaba de descubrir que en ese dia hay algo más con que ayudar Tras todo el dia cocinando, se nos echa la noche encima, terminamos de empaquetar las raciones, que parecen que desaparecen, en realidad se las llevan Brigadas algunos puntos. Y ahora toca limpiar, como tras cada día de cocina, toca limpiar todo lo que habiamos hecho, fácil una hora de limpieza de cacharreria, pero quiero dejarlo limpio para al dia siguiente que se termine de limpiar, también dejar arregladas superficies y barrido.  La sensación es satisfactoria, porque cuando te asomas ves que hay gente comiendo, que te llegan buenas impresiones, están contentas de salir de la rutina y nosotras de estar trabajando tanto por alguien que esta ahí, aunque no lo veas. Tambien es un dia para que la gente de NoName descanse, que llevan en algún caso un mes cocinando y repartiendo comidas. Hoy sólo reparten y lo último que salen son hamburguesas, a la zona de un supermercado,donde duermen cincuenta menores. Ya acaba el día, ducha y relax, ¿cuantas personas tienen que dormir con miedo sin poder ducharse a a apenas 2 km de ti?
Ceuta. Fotografía de Estela de Castro.
Fotografía: Estela de Castro
Segundo día, Fuego en las venas; lo llamo así por el final del día. Comienza el día con una rutina que me gusta mucho hacer, ir a correr; apenas 8km, pero es lo que me separa de la frontera, ida, y vuelta; ves despertar campamentos, el marítimo, parejas que han dormido bajo una sombrilla que no les oculta, pero se sienten tranquilas, algún gato, gaviota…. y militares que tienen la buena costumbre de empezar así el dia.  Llegas, ducha y desayuno, el plan del día es más relajado, por lo que podremos ir a repartir.  Comienza el barullo de cocina, repasas lo que está fregado, que limpiamos a la luz de frontales, repasas superficies, barrer y poner toldos; hoy una patrulla de militares nos recibe, no con cariño, pero si con alguna frase malsonante, sobretodo a las compañeras, son las 9 AM, así que se presenta intenso el día; Comenzamos a cortar, y tra ello, sofreir y aderezar, hoy un arroz con sofrito de verduras y proteína; quedaron algunas burguer asi que eso va a ir al campamento de mujeres; a lo largo del día viendo que sobraba salsa de soja, hicimos berenjena teriyaki con proteína (soja texturizada) y pasta, que había aun seca. Pronto supimos que íbamos a poder ir los de cocina de ayer a repartir al primer envio y a alguno de la tarde; así que sin prisa pero sin pausa nos disponemos las cajas de fruta que sirven para llevar los envases de papel de aluminio en el que llevamos nuestra preciada carga, la comida, cogemos agua y cargamos.  La primera en la frente, llegamos al campamento de mujeres, una de las mujeres, embarazada, había sido golpeada y estaba la patrulla de policía, con “la jefa de blanco”, no podemos repartir, porque ella nos guía entre las tiendas. Así que toca ver el trabajo de Estela, de fotografiar a esas refugiadas. Conseguimos hablar con “la jefa”, una vez se ha ido al policía, y cumple su función vemos cómo se iluminan caras que antes estaban cargadas de miedo y recelo, una tímida sonrisa aparece hasta en los hombre mas aguerridos, pueden comer, algo, por la mañana.Después son gracias, momentos divertidos y como somos bien recibidos a hablar con ellas, con alguien que habla algo de castellano. Pero recordamos que teníamos hora de vuelta, que habíamos dejado a la gente de NoName alli, y que nos esperan 1500 raciones más.  Volvemos a la cocina; cortar, pelar, cocinar, en ollas de ochenta litros, a la altura de los tobillos, pues el aire apaga los quemadores. Empaquetar en una mesa con ollas y tuppers que sirven de bandejas; cientos de bandejas de aluminio, sin nombre pero con el destino de ayudar a quien no ha comido y posiblemente es su única comida del día o en días.  el arroz, por suerte se puede cocinar en medidas mas grandes, asi que vamos terminando la cocina antes de que caiga el sol; y eso nos permite una segunda salida de apenas 50 platos a la zona norEste.  Pequeños escondidos, me toca conducir en una zona cuyo desnivel es del 20% si es tu primer dia y vas ahí rezas para que no se te cale; al llegar, me avisa, el contacto, no te alejes del coche y ten la llave lista, no somos bien recibidos por 3 ó 4 vecinas. Hace una llamada y viene un chico, de apenas 16 años, nos pide guardarle 6 raciones y avisa a otros, poco a poco aparecen de entre los carrizos, de las calas y de sitios insospechados, niños, y algún adulto, pero chavales de menos de 18 años, que se esconden durante el dia, siempre en grupos pequeños, cogen su comida, dan las gracias y se llevan la mano al corazón, Sucram, me atrevo a decir. Repartimos en poco tiempo, no sin acariciar algunos gatos que había en la zona; un grito “Fuera!!!!” nos gritan desde una ventana de un edificio que es un acúmulo de ventanitas, no vemos movimiento, pero estamos alerta cerca del portón, apra cerrar e irnos, con miedo a que nos quiten la comida que va a personas que lo necesitan. Se termina la comida y nos faltan veinte, prometemos volver.  El patrol desquiciado; antes tenemos que pasar por El Trampolín, llegamos sin problema, una vez allí aparcamos el coche en el punto en el que estuvieron repartiendo las cámaras e Estela del dia anterior, seguro que nos devuelven al menos una, del asentamiento más numeroso. Estas allí y no sientes más que miradas, con miedo en las pupilas, caras que se preguntan, ¿ de que hacen?, comenzamos a preguntar por las cámaras, Estela y Mariana, nuestra guia de la entrega, entran al Trampolín, de noche, sin hombre y comienzan a preguntar, allí es un mercado de zapatos y cachivaches; salen sin resultado, pero con alguna anecdota de lo encontrado.  Mientras los que estábamos fuera hemos tenido miedo, entró un Patrol a gran velocidad e hizo un par de trompos, salió como había entrado sin mirar, tuvimos la suerte de que ese espacio estaba vacío y que nos pasó a un metro; también nos habla un chaval de 16 años, edades siempre aproximadas, que había recibido un golpe por parte de alguien del ejercito, algo que nos corroboran varios amigos y testigos y que quería volver a la casa de sus tios; también de entre las tiendas del final de la desalinizadora emergen un fco de luz de una camara, tras él un par de periodistas y los que evidentemente son agentes o personas con un`pinganillo y hacen de seguridad de el cámara; del silencio de la oscuridad nace un grito ahogado por un cañizo, Fueraaa!!!; se unen dos o tres personas, y escuchamos los comentarios del cámara y supuesto periodista, “Les terminaremos echando al mar si es necesario”, Se suben la cuesta que hay a pocos metros de la entrada del asentamiento; poco tiempo después vuelven a bajar y tratar de entrar al asentamiento a través de otra entrada, en el centro, reciben la misma respuesta por parte de quien habita ese espacio.  Salimos hacia las cocinas para cargar, y salir hacia el punto primero de esa tarde, coordinamos dos coches, uno para recoger a nuestros compañeros que están en las naves de El Tarajal y otro para llevar 30 comidas más. Nos despedimos de la gente de NoName, tremenda labor que hacen y tremendo cariño que nos llevamos,  Fernando y Sergi han salido a las naves, con las Brigadas, y al conseguir llegar, el GPS no funciona bien y no me he movido por allí, conseguimos flanquear las puertas, que son de 4 metros, subimos a las brigadas y, según bajamos del coche.  Fuego!! un gritos nos recorre lidl oído hasta la última célula de nuestro cuerpo, oímos, loq ue este verano nos ha perseguido a muchos, FUEGOOO; venimos de los incendios de hace un mes en Madrid, de estar ayudando; nos hiela la sangre y cargamos el coche de agua, salimos corriendo los que podemos con un par de garrafas, atravesamos la puerta, vemos unas bocanadas de fuego de varios metro a la izquierda, donde antes no había luz, ni siquiera una vela, sólo siluetas de chabolas. Los chavales se van despavoridos, con los que tienen cerca hacia la carretera, que divide el poblado, les dirigimos hacia el final y la izquierda, les impedimos volver a por lo que sea. Aparecen 6 furgones de policía a los que seguirán al menos 3 más, salen antidisturbios con fusiles y porras en mano; a mi me pilla despertando a la tercera tienda de familias, les guiamos hacia el fondo de la carretera; en ese momento siento como alguien me toca la espalda con un objeto duro y la mano a la vez, me marcan con la porra; al girarme una mujer de mi edad a la que digo, “yo les levanto y me los llevo”, no sé si por el tono, el acento o simplemente por mis rasgos me hace un gesto con la mano que aún tenia en mi espalda; y me acompaña detras de mi un par de metros, sigo despertando familias; a unos metros veo a otra persona, que golpea una tienda de campaña, donde sé que hay familias, pues al entrar les he visto esconderse en el velo de la casa que tienen de tela; le grito, “yo me encargo”, se gira y me dice”que salgan YA de aqui”, solo digo, “lo hago, yo los llevo”; y sigo adelante con las veinte personas que estoy guian do mientras ellas y despertamos a sus vecinas, a menor4es de 10 años, les ves abriendo los ojos como quien esta en una pesadilla. Se nos une gente del otro lado, donde el fuego sigue creciendo, alguna quiere volver por sus zapatillas, pero el fuego esta a 10 metros, de su tienda posiblemente no llegue; le grito que “No”, nos vamos, alli, estamos seguros y señalo el final de la calle. Sigo acompañando a niños, hacia el final de la calle, a familias, madres con miedo en la cara, con pavor en las pupilas y que siguen mis instrucciones porque no grito, sólo acompaño con movimientos que nunca rebasan mis hombros. Al llegar al final, de la calle, terreno seguro; bueno no tanto. Nos ponemos en la subida cerca de las viviendas, allí, unas chicas ceutíes han bajado a ver el revuelo; hablan con unos y otros, mientras nos dicen que es cosa de ello, atisbas miedo en su mirada, pero se les pasa al hablar con los chicos del asentamiento. Un chico esta a punto de volver a buscar a su hermano de catorce años, él apenas tiene quince; pero un policía bloquea su movimiento y Estela y yo le guiamos hacia nuestra acera, le decimos que no, podemos acercarnos, él insiste, con la terquedad de un hermano mayor responsable y lleno de miedo. En este rato han venido dos brigadas de bomberos que comienzan a trabajar de forma diligente. Segunda oleada, veo un grupo de chicos en torno a alguien a quien transportan casi a rastras, me acerco, y veo una chica y con  tremendo mimo, un grupo de chicos, que la tratan de animar, solo saben decirme algo parecido a “asma”; le tomo constantes, y la recuesto, está débil, pero respira, apenas vocaliza, y para escuchar tienes que poner la oreja casi en sus labios; ellos son primos y hermanos, el mayor unos diecisiete años, y chapurrea algo de castellano; trata de vomitar, entonces entiendo, intoxicación por humo, la tumbamos con los pies en alto pues empieza a tener el pulso bajo. No vienen ambulancias, pero si la policía vuelve a despejar, esta vez la calle de bajada, estamos alli, o vas a las naves, o te refugias en un parking donde no hay gente. Optamos por ir al parking, la cargamos, subimos con ella en brazos y los chicos siguiendonos, el agente nos dice que o dentro del parking, un descampado en realidad, o abajo, pero que allí corremos peligro, si sale un coche de los suyos corriendo, evalúo y tiene razón; nos situamos a pocos metros y al posar a la niña, llega una chica de brigadas. Les separamos a todos y vemos que est perdiendo temperatura, buscad cartones le escucho, a la chica de brigadas, asi que me llevo a 3 o 4 a buscar cartones, se los vamos situando, veo sus pies descalzos con sólo un calcetín de algodón, asi que le pongo mis zapatillas; dos de sus hermanos me ofrecen sus chanclas, solo pienso “tú no tienes nada” yo puedo andar así hasta casa, les rechazo klas chanclas con cariño y mirandoles a los ojos, solo veo agradecimiento. Ella se desvanece en algunos momentos y parece abandonar toda conciencia, en varias ocasiones. Llega nuestro coche, con algunas guarradas que traen pues hay una tiendita abierta un poco más arriba, en El Principe; sólo soy capaz de decir, al hospital, y meter a la niña en el coche con el unico que entendia un poco de castellano o al menos parecía traducir. En algún momento apareció Estela, que me ve sin zapatos y me pregunta, solo le acierto a decir, se los he dado a la niña que va al hospital. Uno de los niños nos dá unos papeles, que obviamente no entienden, pues está en castellano, le mandan a Castilla León, pero esos papeles son del 17 de julio, los chicos de Brigadas y NoName se lo tratan de explicar, allí esta mi “pinche de cocina”, un activista tunecino, con dni; que llevaba desde las once cocinando y se ha venido andando, son cerca de las doce de la noche. Localizamos otra colonia de gatos, ellos viendo pasar el tiempo y con sus casetas intactas.  Cuando, ya, apagan el fuego, los policías poco a poco se retiran. Vamos a ver si la gente de Brigadas tiene un par de chanclas para mi, al llegar a la puerta, me doy media vuelta, pues no nos iban a dejar entrar, ahora mismo por seguridad el guarda, va a decir que me peine. Sale de entre el grupo de chabolas, un chaval que le duele la pierna, le vemos que apenas tiene un golpe, llevamos viendo fotos y golpes en las piernas durante dos días, de porras, pelotas y otro tipo de golpes con objetos que no identificamos, le atendemos vemos que puede andar, aunque con dolor y le atendemos. Volvemos sobre nuestros pasos y encontramos a niños, a los que hemos desalojado, familias agradeciéndoles, y caras de incredulidad, por lo sucedido, aún estábamos en shock, cuando; a unos metros vemos retorcerse de dolor a un chico, salimos corriendo, y al llegar le vemos con las manos en el pecho, preguntamos “asma”, no nos entienden, no hay traductor; pero vemos que quiere vomitar, posición de seguridad y ver como se mueve, las constantes vitales bien, otra intoxicación por humo; llega Fer, que viene de llevar a la chica, le volvemos a meter a un niño de trece año en el coche y le enviamos, él descarga un montón de chucherias y se va.  Repartimos las chucherias, alegría y gozo, un niño receloso, al principio, de los que desalojé que nos mira, su hermano de tres años tras él, escondiéndose entre las piernas de su madre, es él, si, lo es, el niño del perdigonazo en la frente, de hace 2 dias, esta en la calle, en una tienda de campaña y tiene miedo; Estela le dá una bolsa de algo y un caramelo, yo a su hermano; ya todo es alegria. Agotamos todo lo que nos había dejado fernando y de forma intuitiva nos dirigimos al comienzo de la calle, allí estan los de brigadas, y cuando estoy cruzando la calle, dos mostos se aproximan, y cuatro hombres sueltan “Iros a vuestro puto pais”, “moros de mierda”, “que os vayais ya”, Sergi, los de las brigadas y yo, es decimos “pero que dices” “bajate y dinoslo a la cara”; su respuesta una mirada entre ellos, entre los de cada moto y salir corriendo , tal vez no se esperaban una respuesta en este tono, en esa lengua, o sólo esperaban que se achantasen tras haber recibido un golpe así.  Fer, vuelve, nos despedimos de las brigadas y repartimos lo que quedaba de comida allí.  Llegamos al hospital, nos cuenta Fernando, que al llevar al primero, que yo no atendí y que me estaba enterando ahora de ese viaje; a Carlos le habían impedido entrar, que les llegaron a espetar, alguna de las tres enfermeras y el seguridad “esos no entran aqui”, les estaban atendiendo en la puerta, si llegaban a atenderles; Al ir con la chica que envié dejaron a su hermano fuera y que si eso la atendían en la calle, ella había perdido el conocimiento en el transporte, de nuevo. Con el tercero se repitió el patrón de “si le atendemos, es fuera, no entran”.  Llegamos, Carlos me ve bajar sin zapatillas, ¿qué ha pasado? me pregunta, solo respondo, “las tiene la segunda”. Estela me dice de ir al hospital y ver donde estan, yo le digo que hablemos de recuperar mis zapatillas (sabía que no las volvería a tener); al llegar nos para el de seguridad, a nuestra espalda tres militares armados, y más o menos relajados, y sale a nuestro encuentro la que podría ser jefa de enfermeras o celadoras; “¿qué haceis aqui?”, le contamos lo de las zapatillas, el chico de seguridad me dice “acompáñame” y entro a urgencias, apenas unas diez personas, salas vacías; me mira y me dice “¿es de El Tarajal?” ante mi respuesta afirmativa se dirige fuera, junto a la tanqueta esta la niña, al lado uno de los chicos, ella ya consciente; me mira y parece reconocerme, le explicamos en castellano que sus hermanos estan fuera y quieren saber que está bien, Estela va a hacer una foto y el de seguridad se lo impide, “fotos, no”, por el otro lado un  militar, levanta la mano para bloquear la foto; en esta situación ella explica que es para sus hermanos, que están fuera y ellos acceden si no sale nada mas.  Al volver me pregunta Estela por las zapatillas, solo le digo, ella las necesita más que yo, o a sus hermanos le servirán.  Llegamos al coche, mostramos la foto a sus hermanos, ellos esbozan una sonrisa, nos miran y me ofrecen unas chanclas, se lo agradezco y se las llevo al pecho, “tú las necesitas más”. Vamos a casa, ducha, no podemos dormir, Fer se va a dar un paseo, yo repaso los números del local, las comunicaciones, pues ahí tenemos wifi. Consigo dormir a las dos. 
Ceuta. Fotografía de Estela de Castro.
Fotografía: Estela de Castro
Vuelta o quedarnos de forma indefinida. Al dia siguiente estabamos mensajeandonos en el grupo, me levanto para dar un paseo y me intercepta Carlos, vamos a andar; antes de desayunar, escuchamos y leemos lo que nos ha llegado de la noche anterior, las personas que limpian la calle hablan de que saben que ha sido un compañero, que le ha retenido la policía, versión corroborada en noticias”, qué hacemos, ¿denuncia, en el hospital, policía? Tenemos claro que policía, no, ya que puede demorar horas, hospital, si, podemos, pero tal vez sea mejor en Madrid, con calma.  Al final no conseguimos cambiar los billetes, así que volvemos, con sabor agridulce, con dolor en el alma de no hacer más.  ¿Porqué comida PlantBased? Nos parece incoherente dar de comer a personas desplazadas con trozos de animales, no humanos, que están sufriendo. Nos parece incoherente quitar sufrimiento a alguien co trozos de un animal sintiente.  Si dejamos la ética atrás, miramos a los ojos de la lógica encontramos más razones, es una proteína con valor nutritivo igual a los productos animales, según nutricionistas, en 2026, esto no esta a debate; Es fácil de transportar, ya que en muchos casos la proteína animal se estropea, se pone mala con más facilidad, huevos y trozos de animales son rápidamente atacados por bacterias; sin embargo la proteína vegetal aguanta más.  La proteína vegetal es fácilmente hidratable y se puede comer cruda, no pierde valor nutricional. Se trabaja con la misma o más versatilidad que la proteína proveniente de músculos de animales.  Y volvemos a la parte inicial, quitar sufrimiento provocando sufrimiento es fuera de toda ética algo contrario a lo que estás buscando.  Por tanto en este tipo de nutrientes encontramos un producto nutricionalmente bueno, fácil de trabajar y éticamente no provocas más sufrimiento, sólo retiras sufrimiento. 

Desde Contraplano: escuchar y exigir respuestas

El testimonio de Jaime Posada pone el foco en las personas a las que describe repartiendo comida, acompañando fuera del fuego o esperando noticias de sus hermanos. Su escrito permite acercarse a esa experiencia desde la mirada de alguien que acudió a ayudar y regresó con la sensación de que quedaba mucho por hacer.

Desde Contraplano defendemos que el acceso a comida, refugio, protección y atención sanitaria debe estar garantizado para todas las personas. Las denuncias recogidas en este relato merecen ser contrastadas e investigadas, con respuestas de las instituciones señaladas y con especial atención a la protección de la infancia.

La solidaridad de quienes cocinan, reparten y acompañan tiene un valor concreto en la vida de quienes reciben esa ayuda. Las administraciones tienen la responsabilidad de garantizar que esa entrega no sea el único recurso al que puedan acudir.

Fuente: testimonio escrito de Jaime Posada facilitado a Contraplano.

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